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Actualidad científica

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  • Abril 2016Nº 20

Cosmología

El sino de la vida en el universo

Hace miles de millones de años, el universo, demasiado caliente entonces, no podía albergar la vida. Llegará un momento en que se habrá hecho tan frío y ralo, que la vida, por muy inteligente que sea, perecerá.

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La vida eterna es creencia central en muchas religiones. A menudo se la asocia a un Valhalla espiritual, una existencia sin dolor, muerte, preocupaciones o males, un mundo distinto de la realidad física. Pero existe otra clas de vida eterna que anhelamos, una en el reino temporal. Escribía Charles Darwin en el epílogo de su libro Sobre el origen de las especies: "Puesto que todas las formas de vida presentes son descendientes por línea directa de las que vivieron antes del período cámbrico, podemos estar seguros de que la sucesión ordinaria por generación no se ha cortado nunca... Por tanto, podemos contemplar con alguna confianza la seguridad de un dilatado futuro."

El Sol acabará por agotar su reserva de hidrógeno. La vida tal como la conocemos en nuestro planeta terminará. Pero la raza humana se amolda. Nuestra descendencia buscará nuevos hogares, propagándose por todos los rincones del universo de la misma suerte que los organismos han colonizado todos los nichos posibles en la Tierra. La muerte y el mal se cobrarán su tributo; quizá persistan dolor y angustia, aunque nuestra progenie sabrá sobrellevarlos.

O tal vez no. Los científicos andan lejos de entender las bases físicas de la vida y el devenir del universo; pese a ello, pueden aventurar algunas hipótesis razonables sobre el destino de los seres vivos. Las observaciones cosmológicas actuales indican que el universo continuará expandiéndose por siempre, en vez de crecer hasta un tamaño máximo para luego contraerse, según se pensaba antes.

Por tanto, no estamos condenados a perecer en una violenta "gran implosión" en la que se borrara cualquier vestigio de nuestra civilización actual o futura. A primera vista, la expansión perpetua es motivo de optimismo. ¿Qué podría impedir que una civilización avanzada explotara recursos sin término para sobrevivir indefinidamente?

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