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1 de Junio de 2003
Vulcanología

Futuro del Etna

El mayor y más activo volcán de Europa se está volviendo peligroso. Para fortuna de quienes viven en su cercanía, la transformación se produce con lentitud.

CORBIS

En síntesis

El Etna, considerado un volcán pacífico, ha hecho temblar a la isla italiana de Sicilia en estos dos últimos años. Las coladas de las erupciones habidas en ese tiempo en los flancos del Etna han destruido estaciones turísticas y amenazado a los pueblos cercanos.

Se cree que una parte de la roca fundida del Etna viene generada por la colisión de dos placas tectónicas. Si esta hipótesis es correcta, el volcán quizá se vuelva mucho más violento y explosivo con el tiempo.

En octubre pasado, unos mil sicilianos huyeron de sus casas cuando el Etna despertó una vez más. Lanzó roca fundida a una altura de más de 500 metros, mandó ríos de lava ladera abajo por sus flancos norte y sur. Acompañaron la erupción cientos de terremotos de hasta 4,3 puntos en la escala de Richter. Mientras una enorme nube de humo y ceniza atravesaba el Mediterráneo, en Linguaglossa ("lenguas de lava") rogaban para que se detuvieran las coladas lávicas. Sacaron en procesión la imagen del santo patrón por las calles del pueblo.

Tal vez gracias a la intervención divina no hubo heridos ni los daños fueron extensos. Pero el episodio desató los nervios; se asemejaba mucho a una errática erupción en el flanco sur del volcán, ocurrida durante el verano de 2001, que destruyó partes de un establecimiento turístico y amenazó al pueblo de Nicolosi. Una parte de las lavas emitidas durante ambos sucesos fueron de un tipo poco frecuente, producido por última vez en grandes volúmenes en ese lugar hará unos 15.000 años. En esa época, una serie de erupciones catastróficas destruyeron uno de los edificios volcánicos que precedieron al Etna actual.

Los sicilianos que viven cerca del Etna lo consideran desde hace mucho tiempo un vecino inquieto pero hasta cierto punto amistoso. Aunque su actividad es persistente, no ha tenido una gran erupción explosiva —como la devastadora de 1980 del Monte Santa Elena, en el Estado de Washington— desde hace cientos de años. Pero ahora los investigadores que estudian el Etna han encontrado pruebas de que el peligro de actividad volcánica crece de un modo alarmante. Es poco probable que explote en un futuro próximo como lo hizo el Monte Santa Elena; sin embargo, quizá sean cada vez más comunes las erupciones violentas, parecidas a las de 2001 y 2002.

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