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1 de Noviembre de 2015
Reseña

Centenario de la relatividad general

Cómo presentaban la teoría el propio Einstein y otros científicos.

RELATIVITY: THE SPECIAL AND THE GENERAL THEORY (100th Anniversary edition).
Albert Einstein. Princeton University Press, 2015.

THE ROAD TO RELATIVITY: THE HISTORY AND MEANING OF EINSTEIN’S «THE FOUNDATION OF GENERAL RELATIVITY» FEATURING THE ORIGINAL MANUSCRIPT OF EINSTEIN’S MASTERPIECE.
Hanoch Gutfreund y Jürgen Renn. Princeton University Press, 2015.

No hace tanto, los relativistas eran pocos y a menudo autodidactas. La relatividad general tenía todavía el estigma de ser esotérica, sin objeto y, la verdad, muy difícil. Había lugares donde se podían encontrar cursos de doctorado especializados, pero, en general, si a uno le interesaban lo más mínimo los universos en expansión y los agujeros negros, tenía que valerse de sus propios medios. Eso me pasó a mí.

Estudié ingeniería y no disfruté mucho. Pero durante el curso de electromagnetismo descubrí el mundo de la relatividad especial de Albert Einstein. Las matemáticas eran seductoras. Las paradojas dejaban atónito. Y me dispuso para aprender su teoría general de la relatividad, según la cual la fuerza gravitacional no es sino el curvarse y deformarse del espaciotiempo, que responde a la presencia de energía y masa. Para entender este punto de vista revolucionario, tuve que buscar el libro adecuado, algo que me guiase a través de las complejidades de la geometría riemanniana, que revoca las reglas de la geometría euclídea que aprendemos en el colegio. Pero tenía que entender, además, la física: la curvatura de la luz y la órbita de Mercurio.

Un libro destacaba: el de divulgación del propio Einstein, Sobre la relatividad especial y general. Se publicó en Alemania en 1916, tras el fundacional artículo de Einstein de 1915 sobre la teoría general de la relatividad, y se tradujo al inglés en 1920. En 2015 vemos la publicación de una edición especial en inglés para celebrar el centenario (Relativity: The special and the general theory), así como la de una versión anotada del manuscrito del artículo (The road to relativity), de Hanoch Gutfreund y Jurgen Renn.

Se suponía que Sobre la relatividad, el libro de Einstein, aunque comprensible para cualquiera, tenía las matemáticas suficientes para que el lector más formado llegase al meollo de sus ideas. En realidad exhibe muy pocas ecuaciones; resulta así menos explicativo y más ilustrativo. Pero palabras hay muchas, sin duda. Einstein se puso la tarea de explicar los conceptos e ideas en que se basa su teoría mediante situaciones de la vida cotidiana, como trenes que se mueven sobre terraplenes y relojes a bordo y en tierra. Su prosa está atemperada con algunas consideraciones filosóficas; discute, por ejemplo, la suposición a priori de que existe el espacio vacío.

No sé si atreverme a decir que me pareció que la prosa no era elegante. Me cogió por sorpresa. Había leído algunos de los artículos que Einstein publicó en 1905, entre ellos el que formulaba la relatividad especial, y los tenía por joyas. Sobre la relatividad, en cambio, no era especialmente claro y sí un poco romo. Einstein anunciaba en la introducción que se iba a repetir con frecuencia, «sin prestar la menor atención a la elegancia de la presentación». Puede que ahí siguiese la máxima del físico Ludwig Boltzmann, quien precisó el concepto de entropía y declaró que las «cuestiones de elegancia hay que dejárselas al sastre y al zapatero». No obstante, el intento de Einstein de escribir de modo popular produce una sensación de franqueza, porque no esquiva las dificultades. Su teoría entera estaba, en cierta medida, en el libro, pero el tratamiento no parecía funcionar, y él lo sabía. Le comentó a un amigo, el ingeniero suizo-italiano Michele Besso, que el libro era «bastante acartonado». Años más tarde, bromearía diciéndole al físico polaco Leopold Infeld que la inscripción de la portada, «comúnmente comprensible», debería cambiarse por «comúnmente incomprensible».

Tras rendirme con Einstein, busqué qué más había y di con mucho donde elegir. En cuanto Einstein sacó su teoría, otros la tomaron e hicieron suya. Arthur Eddington, el astrónomo británico que midió la curvatura de la luz en 1919 durante una expedición para observar un eclipse, escribió en 1923 un tratado matemático sobre la teoría del espaciotiempo, bellamente elaborado. Erwin Schrödinger, uno de los padres de la física cuántica, presentó en 1950 su versión, más conceptual, en La estructura del espaciotiempo. La reservada personalidad de otro pionero cuántico, Paul Dirac, se refleja en las notas de su disertación sobre la teoría: menos de setenta páginas publicadas en 1975 como La teoría general de la relatividad. Euforia y creatividad brotan de las 1200 páginas de la gigantesca Gravitación, obra de 1973 de John Archibald Wheeler y sus discípulos Charles Misner y Kip Thorne. No sabía con cuál quedarme.

Aunque nunca me valí de él, el libro de Einstein seguiría presentándose en mi vida. Como siento una inclinación por las librerías de viejo, he ido encontrando traducciones, cada una con su propia historia. La versión francesa se debió primero a Jeanne Rouvière, protegida del matemático y político Emile Borel, y luego la amplió Maurice Solovine, amigo de Einstein. El matemático Tullio Levi-Civita, cuya obra influyó mucho en que Einstein se viese atraído por la geometría riemanniana, recomendó a un ingeniero, Giuseppe Luigi Calisse, para que lo tradujese al italiano. De la traducción al ruso se encargó el lógico y filósofo judío Gregorius Itelson, que vivía en Berlín y murió en 1926 a consecuencia de la paliza que le dio una turba antisemita.

Hoy, el libro de Einstein es una curiosidad histórica. No creo que nadie lo lea todavía de la manera que él pretendía. Ha habido tantos intentos de divulgar la teoría, de especialistas y de periodistas, que cualquiera podrá encontrar un libro que sea de su gusto. Y en el siglo que ha pasado desde su publicación hemos aprendido mucho: un libro de divulgación sobre la relatividad tendrá hoy que hablar del universo en expansión y de la gran explosión, de los agujeros negros y de las singularidades. Estas exóticas predicciones de la relatividad general, de las que Einstein desconfió en un principio, han robado toda la atención.

Sin embargo, aún puedo verle alguna magia fugitiva a Sobre la relatividad, pese a su tono «acartonado». Nos evoca a Einstein como el oráculo que presenta una teoría al mundo, una de las teorías más revolucionarias y profundas de todos los tiempos.

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