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1 de Noviembre de 2015
Filosofía de la ciencia

Experimentos evanescentes

Una grave crisis de replicabilidad sacude las ciencias sociales y biomédicas.

ISTOCKPHOTO/RROCIO

Decimos que un experimento es replicable si es posible repetirlo en condiciones idénticas (mismo diseño, mismo protocolo, mismos instrumentos...) y obtener el mismo resultado una y otra vez. Decimos que es reproducible si podemos obtener ese resultado cambiando alguna de las condiciones originales. Replicabilidad y reproducibilidad son características que asociamos a la objetividad de la ciencia. El resultado de un estudio no puede depender de los intereses o destrezas del experimentador; por tanto, repetirlo debe estar al alcance de cualquier investigador competente.

Sin embargo, la replicabilidad suele brillar por su ausencia en el panorama científico actual, lo que ha provocado más de un escándalo. A veces se trata de un simple fraude: Diederik Stapel, exitoso psicólogo de la Universidad de Tilburg, se vio obligado a admitir en 2011 que se inventaba buena parte de sus datos. Pero en muchas otras ocasiones las causas son más complejas, pues no responden a la ambición de un científico corrupto, sino a la manera de funcionar de toda una disciplina experimental.

Si las replicaciones son tan cruciales para la credibilidad científica, ¿cómo es que se publican tan pocas? En 2012, Matthew C. Makel, de la Universidad Duke, y sus colaboradores publicaron en Perspectives on Psychological Science un trabajo en el que estimaban que, en las dos décadas anteriores, apenas un 1 por ciento de los artículos publicados en las 100 principales revistas de psicología correspondían a replicaciones.

Cuando los intereses científicos se mezclan con los financieros, la situación se complica todavía más. Desde el año 2000, los autores de ensayos clínicos para comprobar la eficacia de medicamentos están obligados a depositar en un registro público su protocolo experimental, resultados, etcétera. Así, con independencia de si finalmente se publican, podemos seguir los datos acumulados sobre un tratamiento. En un estudio reciente publicado en PLoS ONE, Robert Kaplan, de la Agencia estadounidense para la Investigación y Calidad de la Atención Sanitaria, y Veronica Irwin, de la Universidad estatal de Oregón, han comparado el resultado de los ensayos de tratamientos cardiovasculares antes y después del año 2000: mientras que antes de 2000 se publicaban un 57 por ciento de resultados positivos, una vez que fue obligado registrar los ensayos la cifra descendió al 8 por ciento.

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