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1 de Noviembre de 2015
Oceanografía

La travesía del hierro desde el abismo

Se ha descubierto que el penacho de agua rica en hierro procedente de una chimenea hidrotermal se extiende más de 4000 kilómetros a lo largo del océano.

Muestreo de agua marina. Para analizar la concentración de hierro y otros parámetros se tomaron cientos de muestras de agua a distintas profundidades y a lo largo de un transecto longitudinal. En la imagen se observa la recuperación de una roseta equipada con botellas de muestreo. [CORTESÍA DE LA TRIPULACIÓN DEL BUQUE PISCES, NOAA]

En las aguas superficiales del océano, iluminadas por la luz solar, las algas planctónicas transforman el dióxido de carbono del agua marina en materia orgánica, la cual se deposita seguidamente en el fondo oceánico y secuestra así carbono de la atmósfera. En las regiones oceánicas que regulan la concentración atmosférica de CO2, la disponibilidad de hierro (un oligoelemento) controla la producción primaria de las algas. Las fluctuaciones en la abundancia de hierro han modulado parcialmente la variabilidad climática durante las pasadas transiciones de períodos glaciares a interglaciares y se espera que afecten al clima futuro.

En un artículo de la revista Nature, Joseph A. Resing, de la Universidad de Washington, y sus colaboradores exponen que por unas fisuras de una dorsal oceánica abisal se libera una cantidad sustancial de hierro que las corrientes oceánicas profundas transportan lentamente a lo largo de miles de kilómetros. Mediante el uso de un modelo oceánico, los investigadores demuestran que el hierro procedente del sistema mundial de dorsales oceánicas alcanza la zona fótica (la región superficial iluminada por el sol) y podría contribuir al crecimiento de las algas.

A finales de los años setenta del siglo pasado, se descubrieron unas aguas calientes enriquecidas en minerales que brotaban a través de unas fracturas del fondo oceánico llamadas chimeneas hidrotermales. Los análisis químicos revelaron la abundancia de hierro en estas aguas en comparación con el agua oceánica circundante. Durante décadas se había considerado que el hierro hidrotermal constituía un aporte menor al balance de este elemento en el océano global, porque se suponía que, debido a su baja solubilidad en el agua, formaba un precipitado sólido en las proximidades de los puntos de emisión. Sin embargo, los estudios posteriores apuntaron a la posibilidad de que parte del hierro liberado por las chimeneas hidrotermales podía ser transportado y alejado de estas. Dicha idea se conoce como la «hipótesis de la chimenea con fugas».

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