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  • Investigación y Ciencia
  • Noviembre 2015Nº 470
Apuntes

Astrofísica

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Supernovas fallidas

Algunas estrellas que han desaparecido sin dejar rastro podrían haberse convertido en agujeros negros.

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En el relato de Sherlock Holmes Estrella de plata, el famoso detective resuelve un asesinato al reparar en algo que no ocurre: un perro guardián que no ladra en mitad de la noche. Ahora, tal vez los astrónomos puedan estudiar la formación de agujeros negros gracias a algo parecido: estrellas que no explotan.

Las estrellas mucho más masivas que el Sol suelen acabar sus días en forma de supernovas. Al ser tan brillantes, estas violentas explosiones estelares pueden observarse sin problemas desde la Tierra. Los astrónomos modernos aún esperan localizar una en la Vía Láctea, pero en los últimos años han podido presenciar varias docenas de ellas en otras galaxias. Sin embargo, ninguna de las estrellas progenitoras tenía una masa superior a 17 masas solares, a pesar de que los astros mucho mayores abundan en el universo.

Algunos teóricos sospechan que los responsables de esa falta de explosiones de estrellas muy masivas tal vez sean los agujeros negros. Cuando el núcleo de ciertas supergigantes rojas colapsa, el resultado podría ser un agujero negro que, acto seguido, engulliría a la estrella moribunda. En tal caso, la desaparición del astro estaría anunciando el nacimiento de uno de estos curiosos objetos. «Las denominamos "supernovas fallidas"», señala Stan Woosley, astrofísico de la Universidad de California en Santa Cruz que ha elaborado un modelo del proceso.

En 2008, Chris Kochanek y sus colaboradores de la Universidad estatal de Ohio propusieron un método para detectar esas escurridizas defunciones. A diferencia de los estudios sobre supernovas, que rastrean intensas explosiones de luz, Kochanek escudriñó unas 30 galaxias cercanas en busca de zonas oscuras en las que una estrella hubiese desaparecido de manera repentina. El año pasado, a partir de imágenes tomadas en el Observatorio del Gran Telescopio Binocular de Arizona, Kochanek, Jill Gerke y Kris Stanek anunciaron el hallazgo de una convincente candidata a supernova fallida: una supergigante roja en la galaxia NGC 6946 que resplandeció brevemente y después se esfumó.

El número de sospechosos ha ascendido ahora a dos. El pasado mes de julio, Thomas Reynolds, Morgan Fraser y Gerard Gilmore, de la Universidad de Cambridge, refirieron la desaparición de otra supergigante en un cúmulo estelar de la galaxia NGC 3021, un descubrimiento que fue posible gracias a las imágenes de archivo del telescopio espacial Hubble. Los resultados de ambos equipos han aparecido en sendos artículos publicados en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Por supuesto, existen explicaciones más prosaicas para las misteriosas desapariciones estelares. Podría tratarse de estrellas variables con grandes fluctuaciones de brillo, o bien los astros podrían haberse ocultado tras nubes de polvo. Ahora los investigadores intentarán efectuar observaciones más detalladas con telescopios espaciales y, con ello, confirmar el proceso de formación de agujeros negros.

Lo mejor que podrían encontrar sería la nada más absoluta. «La defunción de una estrella se diferencia de otras fuentes de variabilidad estelar en que es para siempre», explica Kochanek. Si las estrellas reapareciesen, añade Frase, sería evidente que no han explotado, en cuyo caso la búsqueda de supernovas fallidas continuará o, al igual que las estrellas, se apagará hasta desaparecer.

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