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1 de Noviembre de 2015
Física teórica

Una breve historia de los viajes en el tiempo

Ya contamos con los medios para viajar al futuro, pero las matemáticas de los viajes al pasado siguen planteando nuevas preguntas.

ASAF HANUKA

En síntesis

Moverse a grandes velocidades equivale a viajar al futuro. Los viajes al pasado parecen paradójicos, pero la relatividad general no los prohíbe.

La teoría de Einstein permite la existencia de curvas temporales cerradas, caminos en el espaciotiempo que pueden llevarnos a un punto de nuestro pasado.

Los físicos intentan entender si la naturaleza posee algún mecanismo que impida la formación de esos bucles temporales. Por el momento no han encontrado ninguno.

Algunos trabajos han apuntado que las curvas temporales cerradas podrían haber permitido algo sorprendente: que el universo se crease a sí mismo.

H. G. Wells publicó La máquina del tiempo en 1895, pocos años antes de que concluyesen las seis décadas durante las cuales la reina Victoria ocupó el trono del Reino Unido. Poco después expiraría otro reinado incluso más duradero: el de los doscientos años de la física newtoniana. En 1905, la teoría de la relatividad especial de Einstein suplantó las leyes de Newton y, para deleite de Wells, permitió algo que estas tenían prohibido: los viajes al futuro. En el universo de Newton, el tiempo permanecía inmutable siempre y en todo lugar; nunca se aceleraba ni frenaba. Pero, para Einstein, el tiempo era relativo.

Viajar en el tiempo es algo más que una mera posibilidad: ha ocurrido ya, aunque no exactamente como lo imaginó Wells. Según J. Richard Gott, astrofísico de la Universidad de Princeton, el viajero temporal más experimentado hasta la fecha es el cosmonauta ruso Serguéi Krikaliov, quien a lo largo de su carrera ha pasado 803 días en el espacio. Einstein demostró que el tiempo transcurre con mayor lentitud para los objetos en movimiento que para aquellos que se encuentran en reposo. Por tanto, dado que Krikaliov volaba a 27.000 kilómetros por hora cuando estaba a bordo de la estación espacial Mir, para él el tiempo no avanzaba a la misma velocidad que en la Tierra. Durante todas sus estancias en órbita, Krikaliov envejeció 1/48 segundos menos que sus colegas terrestres. O, visto de otra forma, viajó 1/48 segundos hacia el futuro.

El efecto de los viajes en el tiempo resulta más fácil de apreciar con distancias y velocidades mayores. Si Krikaliov realizase un viaje de ida y vuelta a Betelgeuse (una estrella situada a unos 520 años luz de nuestro planeta) al 99,995 por ciento de la velocidad de la luz, regresaría solo diez años más viejo. Pero, al volver, descubriría que todos sus conocidos habrían muerto mucho tiempo atrás, ya que en la Tierra habrían transcurrido mil años. «Sabemos que podemos viajar al futuro», asegura Gott. «Es solo cuestión de dinero e ingeniería.»

Saltar unos pocos nanosegundos —o unos cuantos siglos— hacia el futuro resulta relativamente sencillo si dejamos a un lado los desafíos técnicos. Pero viajar al pasado es otra cosa. La teoría especial de la relatividad lo prohibía. Sin embargo, diez años después, la relatividad general levantó dicha restricción. A pesar de ello, la manera concreta en que alguien podría ir hacia atrás en el tiempo plantea un insidioso problema, ya que las ecuaciones de Einstein admiten un gran número de soluciones. Cada una de ellas asigna ciertas propiedades al universo, y solo algunas generan la clase de condiciones que permitirían los viajes al pasado.

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