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1 de Abril de 2017
Neurociencia

¿Cuál de ellos es mamá?

Los anadones pierden la impronta cuando se manipula su visión.

DON FARRALL, GETTY IMAGES

En verano de 2015, los zoólogos de la Universidad de Oxford Antone Martinho III y Alex Kacelnik iniciaron un bonito experimento con anadones y parches oculares. Querían averiguar si el modo en que los polluelos reconocen a sus madres depende del ojo con el que ven. ¿Por qué? Porque las aves carecen de una parte del cerebro humano que suponemos universal.

Entre el hemisferio derecho e izquierdo de nuestro cerebro se halla el cuerpo calloso, un grueso haz de fibras nerviosas que actúa como un circuito que posibilita la comunicación rápida entra ambos hemisferios y su coordinación como un todo coherente. Si bien los hemisferios no se hallan totalmente separados en las aves, estas no gozan de las ventajas que otorga ese canal nervioso. Esa peculiaridad de la neuroanatomía aviar propició un experimento natural. «Me hallaba en el parque de St. James de Londres, cuando vi algunos patitos en compañía de sus progenitores en el lago. Y se me ocurrió que podríamos estudiar la transferencia instantánea de información que tiene lugar a través de la impronta», relata Martinho.

Los investigadores taparon un ojo a 64 anadones recién nacidos y les mostraron un señuelo de pato adulto de color rojo o azul. El pato coloreado se convirtió en su «mamá» y los anadones comenzaron a seguirlo. Pero cuando a algunos de esos «tuertos» se les tapó el otro ojo no parecían reconocer a su «progenitor». Estos anadones mostraron la misma afinidad por el pato rojo que por el azul. Tuvieron que transcurrir tres horas antes de que comenzara a hacerse patente cierta preferencia. Por su parte, los anadones cuyos ojos se improntaron cada uno con un pato distinto no mostraron ninguna preferencia paterna cuando pudieron ver con ambos ojos a la vez. El estudio se ha publicado hace poco en Animal Behaviour.

Los resultados revelan la carencia fundamental de una comunicación rápida entre el lado derecho y el izquierdo del cerebro aviar y deja claro que la información recibida por cada ojo se transmite a un solo hemisferio. Podría parecer que no es una buena estrategia esa de registrar los recuerdos en lados distintos del cerebro, pero Giorgio Vallortigara, neurocientífico de la Universidad de Trento que es ajeno al estudio, opina que vivir sin cuerpo calloso podría tener una ventaja: cada hemisferio se especializaría en diferentes tipos de memoria.

Las aves suelen utilizar ambos ojos y eso permite que las dos mitades del cerebro trabajen en armonía. «Esto significa que llevan a cabo adaptaciones etológicas soberbias con el fin de integrar dos flujos discontinuos de información antes de tomar decisiones. Ser un ave parece muy distinto a lo que pensábamos», afirma Martinho.

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