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1 de Abril de 2017
Biomecánica

El secreto de la velocidad humana

Una nueva perspectiva de la biomecánica del esprint podría proporcionar una ventaja competitiva a los atletas.

JEFF WILSON

En síntesis

Tradicionalmente se creía que, para convertirse en un velocista de élite, el atleta debe reacomodar las extremidades en el aire para dar el siguiente paso más rápido que los demás corredores.

Los últimos hallazgos indican que, en realidad, la fuerza con la que los corredores golpean el suelo desempeña una función crucial en su rendimiento.

Los análisis biomecánicos han puesto de manifiesto los factores que contribuyen a tal fuerza y el modo en que los atletas pueden mejorarlos para conseguir mayores velocidades.

Un viernes por la mañana de principios del año pasado, el velocista Mike Rodgers se ataba a un arnés de seguridad suspendido del techo sobre una cinta de andar fabricada a medida. «Nunca se ha caído nadie, pero tú podrías ser el primero», le previnieron. Rodgers sonrió y se preparó para empezar a correr. Por entonces se dedicaba a entrenar para las pruebas olímpicas, pero aquel día no iba a practicar ninguno de sus habituales y agotadores ejercicios en la pista o en la sala de pesas de su gimnasio. En vez de eso, se había presentado en un pequeño edificio blanco de Dallas en cuya puerta se leía, con letras en relieve, «Laboratorio de Rendimiento Locomotor».

Desde el exterior, el centro no ofrece mucho interés: una imprenta reconvertida enfrente de una guardería canina y un centro de yoga. Sin embargo, en los últimos años, docenas de velocistas como Rodgers han visitado estas instalaciones de la Universidad Metodista del Sur, bien para buscar el consejo del científico deportivo Peter G. Weyand acerca de su técnica de carrera, o bien para participar en sus estudios. Weyand ha llevado a cabo lo que muchos investigadores consideran unos de los mejores trabajos hasta la fecha sobre la biomecánica del esprint y sobre cómo los atletas de élite consiguen alcanzar velocidades de récord. Sus hallazgos se incorporaron incluso al entrenamiento de los principales velocistas estadounidenses que participaron en los pasados Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

El núcleo de la operación lo constituye la cinta de andar de Weyand, un artilugio de unos 250.000 dólares equipado con plataformas especializadas que miden la fuerza que el corredor ejerce sobre el suelo durante la locomoción. Tres cámaras situadas alrededor de la máquina capturan a alta velocidad imágenes tridimensionales de la zancada del usuario. Rodgers albergaba la esperanza de que todos esos datos revelaran detalles que le permitieran efectuar los ajustes necesarios para rebajar su marca en una crucial fracción de segundo en los cien metros lisos.

Vestido con el mismo tipo de zapatillas, pantalón corto y camiseta de licra, y con pegatinas reflectantes que Weyand solicita que se pongan todos los sujetos, Rodgers comienza a correr, trotando a poco más de 10 kilómetros por hora para calentar. Pronto, sin embargo, casi supera los 37 kilómetros por hora. A ese ritmo, el tatuaje de su pantorrilla derecha (un dibujo del Correcaminos con la frase «Atrápame» inscrita debajo) se convierte en un borrón a simple vista. El equipo transmite las medidas que toma a un programa informático que representa gráficamente sus movimientos.

Weyand ha estudiado a más de 120 corredores, entre los cuales figuran otros 12 velocistas de talla mundial. Sus observaciones le han ayudado a rellenar una antigua laguna en el conocimiento de la biomecánica de las carreras de velocidad. Antes de sus investigaciones, imperaba la creencia de que los grandes velocistas son especialmente diestros en acomodar con rapidez las extremidades para dar el siguiente paso mientras los pies siguen en el aire. Pero esta afirmación nacía en buena parte más de la intuición que de una teoría basada en datos. Weyand fue el primero que puso a prueba esta idea y sus hallazgos han demostrado que era equivocada. La clave de la velocidad parece residir en un factor totalmente distinto, y Weyand asegura que puede enseñar a los corredores a mejorarlo.

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