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1 de Abril de 2017
Aeronáutica

La NASA lucha contra los retrasos aéreos

Gracias a un nuevo sistema de control del tráfico aéreo, los pasajeros podrán pasar menos tiempo volando en un cielo abarrotado.

Avión aterrizando en el aeropuerto de Gatwick, en Londres. [DEREK CROUCHER/GETTY IMAGES (avión); AMANDA MONTAÑEZ (ilustración), FUENTE: DIVISIÓN DE SISTEMAS DE AVIACIÓN]

A principios de 2017, dos grandes aviones de pasajeros y un reactor privado aterrizaron uno tras otro sin recibir la ayuda constante de un controlador aéreo. En su lugar, se sirvieron de una técnica de la NASA que permite a los aviones «hablar» automáticamente entre sí y con las torres de control. Si estos ensayos (acontecidos en un aeropuerto cercano a Seattle) resultan convincentes, la técnica podría llegar a la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos. Y si todos los aviones adoptasen un día este sistema, un mayor número de ellos podría aterrizar en menos tiempo en unos aeropuertos cada vez más congestionados.

Hoy, cuando los aviones hacen cola para aterrizar, los pilotos se comunican constantemente con los controladores con el objetivo de que los aviones mantengan una distancia mínima de seguridad entre sí. El tiempo que se pierde con ese trasiego de información implica que los pilotos solo pueden ajustar la velocidad cuando oyen las comunicaciones de la torre de control. Esa espera hace necesario crear un «colchón» adicional de espacio por razones de seguridad, lo que limita el número de aviones que pueden aterrizar por unidad de tiempo.

El sistema de gestión de intervalos de vuelo (FIM) de la NASA acorta la charla: combina el posicionamiento de las aeronaves por medio de satélites con un sistema de órdenes asistido por ordenador, lo que permite rastrear la posición de los aviones y proporcionar a los pilotos información constante y actualizada sobre la velocidad a la que deben aterrizar. Eso elimina el colchón entre aviones y podría servir para ahorrar combustible, reducir las emisiones y aumentar el número de vuelos que llegan en hora. «Más aterrizajes por hora significa menos retrasos para los pasajeros», señala William Johnson, director de proyecto del Ensayo de Tecnología para la Gestión del Tráfico Aéreo-1 en el Centro de Investigaciones Langsley de la NASA.

 

ASÍ FUNCIONA

1  Las señales de GPS determinan la posición de cada aeronave y su velocidad con respecto al suelo. El avión transmite esta información a los satélites y a las estaciones en tierra aproximadamente una vez por segundo.

 En tierra, un sistema informático emplea los datos de vuelo para calcular la separación ideal para cada avión de forma que se mantenga en descenso continuo y con bajo consumo de combustible. Los controladores de tráfico comunican por radio esa información a los pilotos.

3  Los pilotos introducen los datos de separación en el programa FIM de la NASA, instalado en el ordenador de la cabina de vuelo. El programa recibe también las actualizaciones de las velocidades de los aviones cercanos, derivadas de las señales de GPS.

4  El programa procesa toda esa información y calcula la velocidad adecuada para mantener una separación ideal entre los aviones sin poner en riesgo la seguridad. Esa velocidad se muestra a los pilotos y se actualiza sin cesar hasta que el tren de aterrizaje toca el suelo.


Los controladores aéreos asignan rutas ideales (blanco) a cada avión que llega. Cuantos más aviones se aproximan para aterrizar, menos eficientes son las rutas que reciben los pilotos (gris) con el objetivo de crear un espacio de seguridad entre los aviones. Una ruta más larga deja más tiempo para que los controladores puedan comunicar los ajustes de velocidad necesarios.

 

Una nueva generación de sistemas de control permitirá que los aviones puedan seguir aterrizando a lo largo de las rutas más eficientes (blanco) incluso cuando haya mucho tráfico. La técnica FIM de la NASA ofrece a los pilotos órdenes constantes y automáticas sobre la velocidad, lo que evita el trasiego de comunicaciones y la consecuente necesidad de dejar un espacio de seguridad.

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