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1 de Abril de 2017
Evolución

Nuevos datos sobre el origen de la célula eucariota

Un grupo de organismos procariotas recién descubierto revela pasos intermedios en la evolución de la célula nucleada.

7activestudio/ISTOCKPHOTO

La célula eucariota alberga orgánulos membranosos, como el núcleo, y componentes celulares complejos, como los sistemas de transporte de moléculas a través del medio celular interno. Hace unos 1800 millones de años, este tipo de célula se gestó a partir de una antecesora desprovista de esos atributos: la célula procariota. Pese a lo anterior, el árbol genealógico de la célula dista de estar completo, sobre todo por las lagunas que separan los organismos procariotas de los eucariotas. Las pruebas reunidas en torno a la aparición de ciertos rasgos específicos de los eucariotas en el curso de la evolución son escasas. En un artículo publicado el pasado enero en la revista Nature, K. Zaremba-Niedzwiedzka, de la Universidad de Uppsala, y sus colaboradores han descubierto un superfilo lateral del árbol procariota, al que han denominado arqueas de Asgard, que acoge ciertos genes hasta ahora atribuidos exclusivamente a los eucariotas.

De acuerdo con su contenido génico y con aspectos de su fisiología celular, los procariotas se dividen en dos dominios: las bacterias y las arqueas. Ambas poseen un mismo antepasado denominado el último ancestro universal común. Se cree que los eucariotas descienden de un híbrido que se gestó cuando una arquea engulló sin digerir una bacteria afín a las modernas proteobacterias alfa. Se ha planteado que, dentro de esas células eucariotas primigenias, la proteobacteria internalizada evolucionó hasta acabar convirtiéndose en el tipo de orgánulo membranoso que suministra la energía a la célula: la mitocondria. Con todo, las primeras etapas de la evolución eucariota han permanecido en las tinieblas, pues son excepcionales las especies conocidas cuyo genoma puede aportar pistas sobre la transición de la célula procariota a la eucariota.

La evolución, escrita en el ADN
Hasta la fecha, los ancestros que se consideraban más cercanos a las células eucariotas pertenecían al grupo de las arqueas de Loki; fueron descubiertas con la secuenciación del genoma de microorganismos hallados en sedimentos marinos. Las lokiarqueas poseen atributos que se suponían privativos de los eucariotas, como varios genes lejanamente emparentados con los implicados en el transporte proteico. Para entender la transición de la vida celular procariota a la eucariota se precisa una perspectiva más amplia de los genes arqueanos que dieron origen a las células eucariotas.

El ADN que codifica las secuencias del ARN ribosómico 16S se usa a menudo para determinar los lazos genéticos entre las especies (filogenia). Hace veinticinco años, el estudio de ese ADN obtenido de microorganismos marinos reveló la presencia de grupos de arqueas emparentados solo remotamente con las arqueas cultivadas en los laboratorios. De ese trabajo se dedujo que los procariotas cultivados eran apenas una pequeña parte de la diversidad procariota de la Tierra. Los resultados de Zaremba-Niedzwiedzka han confirmado también que quedan por descubrir grandes grupos del árbol de la vida.

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