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1 de Abril de 2017
Conservación

Una salvación para los líquenes

Ciertas especies raras amenazadas por el ascenso del mar podrían ser trasladadas a terrenos más altos.

JASON HOLLINGER

A consecuencia del cambio climático, el mar engullirá previsiblemente gran parte de los bosques palustres de Carolina del Norte y su biodiversidad. Pero varios moradores de la Reserva Natural Nacional del Río Alligator podrían conseguir un salvoconducto para huir justo a tiempo. Algunos de los líquenes que ornan la corteza de los árboles autóctonos podrían ser arrancados con esmero y trasladados a un nuevo hábitat en virtud de un plan que un equipo de liquenólogos está elaborando en estos momentos.

Y es que es mucho lo que hay en juego en torno a algunos de estos peculiares organismos. Casi todos los especímenes vivos del llamado liquen lunar de Dey (Sticta deyana) se concentran en unos kilómetros cuadrados de la reserva. A esa especie se le suman otras raras y endémicas, también en riesgo. El anegamiento por el agua salada acabará destruyendo los ecosistemas forestales de las zonas bajas, como los bosques palustres de la región del Río Alligator, por lo que su reubicación sería el único modo de salvar a la mayoría de los líquenes autóctonos. Sin ayuda, probablemente cerca de la mitad de la población liquénica de la región se perdería para siempre y el resto podría desaparecer en medio siglo, en el peor de los casos. Con el afán de evitar ese triste final, James Lendemer, conservador y liquenólogo del Jardín Botánico de Nueva York, está proyectando junto con otro colega un plan ambicioso para reubicar comunidades liquénicas enteras de la región, entre ellas la del liquen lunar de Dey.

Los líquenes son el resultado de la relación simbiótica entre un hongo, un alga y, en ocasiones, cianobacterias. Ofrecen cobijo a las arañas, los nematodos y las polillas, así como alimento a los topillos, el caribú (reno) y otros ungulados. Asimismo, contribuyen a regular el microclima y mantienen estable el nivel de humedad, pues absorben el agua procedente de la niebla, el rocío y la lluvia y la liberan después en el dosel del bosque.

De 2012 a 2016, Lendemer y Jessica Allen, investigadora del jardín botánico, han catalogado una rica biodiversidad liquénica desde el sur de Nueva Jersey hasta Carolina del Sur, que incluye el liquen lunar de Dey. El equipo ya ha trazado posibles migraciones asistidas de líquenes de la llanura litoral medio-atlántica de EE.UU. y ha ensayado las técnicas de trasplante con diversas especies de líquenes en los Apalaches meridionales, que han culminado con éxito. Allen extrae con cuidado los ejemplares con la ayuda de unas pinzas y, para trasladarlos, los deposita sobre superficies diversas, como tela de arpillera, gasa o malla de plástico. Ahora el equipo está estudiando el modo de trasplantar las comunidades liquénicas de los hábitats en peligro, entre ellas los bosques palustres de la llanura litoral medio-atlántica, hasta reservas cercanas u otras partes del área de distribución pretérita de la especie. El equipo ha detallado sus resultados en Biological Conservation el pasado mes de octubre.

No es la primera vez que los liquenólogos trasladan especímenes a otros lugares, pero el esfuerzo de reubicar comunidades enteras de estos organismos supone una nueva estrategia conservacionista, asegura Christopher Ellis, especialista en líquenes del Real Jardín Botánico de Edimburgo. Los líquenes se benefician conjuntamente de la contribución de cada individuo de su clase al establecimiento de las condiciones ideales, como un grado de humedad determinado. Por ello, si se pretende asegurar su supervivencia a largo plazo, es primordial el traslado de múltiples especies de cada comunidad. Los avances en los trasplantes conjuntos logrados en Norteamérica podrían inspirar intentos similares a lo largo del litoral escocés. En esa región, los especialistas en conservación podrían trasladar los líquenes costeros desde la orilla del mar hasta hábitats restaurados, apunta Ellis, como parte de una ambiciosa «retirada planificada» en respuesta al embate de las aguas en ascenso.

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