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Los inconvenientes de la fracturación hidráulica

Aunque fracturar una sola vez el terreno para extraer gas natural no tiene por qué contaminar el agua de la zona, hacerlo una y otra vez sí podría comportar problemas.

DON FOLEY

En síntesis

La fracturación hidráulica consiste en inyectar agua a presión en las capas subterráneas de esquisto para liberar gas natural. Para facilitar la ope­ración, esa agua se carga con compuestos químicos.

Una sola fracturación podría resultar inocua. Sin embargo, el ciclo industrial completo, que incluye el almacenamiento del agua de retorno, ya ha provocado algunos casos de contaminación de aguas.

Algunas medidas, como la introducción de trazadores químicos en el agua empleada para agrietar la roca, podrían aportar pruebas concluyentes sobre los riesgos de la fracturación hidráulica.

A pesar de todo, algunos organismos reguladores estadounidenses han decidido no esperar a que concluyan las investigaciones en curso. La técnica podría acabar aplicándose a gran escala.

¿Supone la fracturación hidráulica algún riesgo para las reservas de agua potable? Desde hace unos años, esta cuestión ha suscitado un agrio debate. En marzo del año pasado, Anthony Ingraffea, profesor de ingeniería en la Universidad Cornell y experto en esta controvertida técnica de extracción de gas natural, asistió a una convención auspiciada por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA, por sus siglas en inglés). En ella participaban expertos de las principales compañías de gas natural y de perforación de pozos, como Devon Energy, Chesapeake o Halliburton. El objetivo de la reunión consistía en analizar las consecuencias de la fracturación hidráulica, acusada de contaminar con gas y productos químicos las reservas de agua potable de varios estados. Desde hace un tiempo, la polémica no ha hecho sino arreciar en algunos estados de EE.UU. (Nueva York, Pensilvania, Texas y Colorado), así como en Australia, Canadá, Francia y otros países europeos (España entre ellos).

En su forma más básica, la fracturación hidráulica se ha venido empleando desde finales de la década de 1940. Cuando un eje de perforación vertical choca contra una capa de esquisto, se inyecta agua tratada con productos químicos con el objetivo de reventar la roca y liberar gas natural. Hace poco, sin embargo, a esa práctica se ha sumado la perforación direccional, u horizontal, que permite virar 90 grados y continuar horadando paralelamente a la superficie a lo largo de unos cuantos miles de metros. El resultado ha sido una auténtica fiebre del gas: desde entonces, numerosas capas aisladas de esquistos ricos en metano se han hecho accesibles. Se estima que EE.UU. dispone de más de 23 billones de metros cúbicos de este gas de esquisto «no tradicional», unas reservas que podrían durar decenios. Sin embargo, algunos correos electrónicos de la industria publicados por The New York Times en junio del año pasado sugieren que su extracción podría resultar más complicada de lo que algunas compañías dan a entender. El problema principal reside en que, a diferencia de la fracturación vertical, la perforación horizontal requiere enormes cantidades de agua y productos químicos. Después ha de almacenarse el agua de retorno que asciende tras la fracturación, lo que también comporta riesgos.

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