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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2012Nº 424

Microbiología

Virus gigantes

El descubrimiento de virus de gran tamaño está cambiando el modo de entender la naturaleza de estos microorganismos y la historia de la vida.
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La idea habitual que se tiene de los virus, en su mayoría cierta, es la de unos ladrones diminutos que se introducen a hurtadillas en la célula, se adueñan de su maquinaria biosintética y la obligan a fabricar una numerosa progenie que escapa de la célula y continúa con el ciclo replicativo. Se supone que los virus son minúsculos, incluso en comparación con las células de tan solo un micrómetro (1000 nanómetros) de diámetro, y que viajan con un equipaje ligero, en el que se incluyen unos pocos genes bien adaptados.
En 1992 se aisló un nuevo microorganismo de una torre de refrigeración de una planta energética en Bradford, donde Timothy Robotham, microbiólogo del Laboratorio de Salud Pública de Leeds, estaba buscando el agente causal de un brote local de neumonía. Su búsqueda le llevó a las templadas aguas de la torre de refrigeración, un conocido reservorio de bacterias patógenas del género Legionella, causantes de la neumonía legionelósica. Las partículas presentes en la muestra se identificaron erróneamente como bacterias. Esas entidades, aunque eran grampositivas y visibles al microscopio como patógenos dentro de la ameba Acanthamoeba polyphaga, sorprendentemente, no generaban la amplificación de ningún producto génico en la técnica de reacción en cadena de la polimerasa cuando se empleaban cebadores bacterianos universales.

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