Salvemos las serpientes

Los grupos de reconocimiento de especies creados en las redes sociales están convirtiendo a los detractores de estos reptiles en defensores.

EL MOCASÍN DE CABEZA COBRIZA (Agkistrodon contortrix) es una de las once especies de ofidios venenosos que habitan en Texas. [Jeff Wilson]

En síntesis

El temor atávico a las serpientes es tan común que, para su desgracia, las convierte en alimañas detestadas en gran parte del mundo.

Gracias a iniciativas divulgativas de ciencia ciudadana que han encontrado eco en las redes sociales, esa actitud está cambiando en algunos lugares donde abundan estos reptiles.

La difusión de información fidedigna sobre las especies venenosas e inofensivas y su función ecológica está ganando adeptos para esta causa conservacionista.

Cuando Allison Baker se mudó a una vivienda con una hectárea de terreno a las afueras de Dallas-Fort Worth, en Texas, lo que más temía era que sus hijos se toparan con una de las residentes de lo que describe como «un paraíso para las serpientes». Su preocupación era comprensible, ya que Texas es uno de los estados más ricos en herpetofauna de Estados Unidos, con más de 80 especies de ofidios, 11 de ellas venenosas. Los antiguos propietarios habían hallado ejemplares venenosos, como un mocasín acuático enrollado junto a la piscina. Ella no tardó en tener sus rifirrafes, con mordedura incluida, propinada por un mocasín de cabeza cobriza mientras trabajaba en el jardín.

A pesar de su miedo, la actitud de Baker, de 44 años, dio un vuelco desde que se mudó a su nuevo hogar. «No fue buena idea revolver en aquel montón de hojarasca», relata de su encontronazo con el mocasín. «No culpé a la serpiente. La recogí con una pala y la saqué de allí sin matarla.» La mayoría de la gente hubiese corrido a urgencias, pero como el incidente se produjo en plena pandemia, tras una consulta con el médico por teléfono se tomó unos antihistamínicos y soportó los síntomas, más o menos leves. «Estoy bien, aunque conservo la cicatriz», dice como si nada.

¿Qué motivó ese cambio de actitud tan radical? Nuestra protagonista lo atribuye, por encima de todo, a un grupo de Facebook cuyo propósito es educar a toda persona interesada en las serpientes. Es posible que el gigante de las redes sociales tenga mala reputación por sus desaciertos en temas de salud pública y política, pero ha resultado ser una herramienta muy útil para salvar la vida de muchas serpientes. No solo es Facebook. Los amantes de la fauna están creando comunidades en varias plataformas digitales donde comparten información rigurosa sobre los ofidios y combaten creencias extendidas. Gracias a sus esfuerzos están convirtiendo a los detractores más acérrimos en fervientes admiradores, un interés recién nacido por estos seres incomprendidos que se suele contagiar a la familia, los amigos y los vecinos. Con cada nueva incorporación, más serpientes siguen vivas un día más.

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