Un mundo hecho a nuestra medida

Un viaje para descubrir cómo hemos moldeado la naturaleza durante los últimos 300.000 años.

 

El primate que cambió el mundo
Nuestra relación con la naturaleza desde las cavernas hasta hoy
Álex Richter-Boix
Geoplaneta, 2021
312 páginas

 

Desde que comenzamos nuestra andadura por la Tierra hemos ido moldeando y transformando este planeta como ninguna otra especie lo ha hecho en toda su historia —con permiso de las cianobacterias, que promovieron la gran oxidación hace unos 2400 millones de años—. Y si bien nuestra capacidad transformadora se muestra en todo su esplendor desde la revolución industrial, los impactos sobre la biodiversidad y los ecosistemas se remontan a muchos miles de años atrás.

No estoy diciendo nada nuevo, ya que el impacto ambiental de la agricultura, nuestro papel en la extinción de especies, la deforestación y la sobreexplotación de los recursos naturales y, en fecha más reciente, el cambio climático son temas que han sido ampliamente tratados en la bibliografía científica y de divulgación. ¿Era necesario, pues, un nuevo libro divulgativo sobre estas cuestiones? (Siga leyendo si quiere conocer mi opinión.)

El primate que cambió el mundo es el primer libro de Álex Richter-Boix, investigador que se ha hecho un hueco en el prolífico panorama de divulgadores científicos en castellano gracias a sus originales hilos de Twitter, en los que presenta de forma muy didáctica, amena y original una gran variedad de curiosidades, estudios y datos sobre evolución, historia natural, ecología, historia, cultura, agricultura y un sinfín de temas más. Estos hilos hacen las delicias de todo lector curioso, entre los que me incluyo, por lo que tenía muchas ganas de leer este ensayo, máxime desde que vi la portada. (Soy de los que piensan que una buena portada hace aún mejor a un buen libro, y El jardín de las delicias, de El Bosco, no es solo una obra maestra, sino también uno de mis cuadros preferidos.)

Richter-Boix nos invita a un fascinante viaje para descubrir el modo en que nuestras actividades llevan moldeando el planeta y afectando a las especies que nos acompañan desde que comenzamos nuestra andadura como especie. Cuando comencé a leerlo, lo hice con una mezcla de curiosidad y expectación. ¿Podría el autor resumir en 262 páginas un tema con tantas aristas e implicaciones? He de reconocer no solo que lo ha hecho de forma brillante sino que el libro ha superado todas mis expectativas.

Con un lenguaje muy ameno y digno de los mejores escritores, Richter-Boix nos guía a través de un viaje de unos 300.000 años, que va desde el reciente descubrimiento de los restos más antiguos de Homo sapiens en el yacimiento marroquí de Jebel Irhoud hasta la pandemia de COVID-19 que aún estamos sufriendo. Apoyándose en un sinfín de datos, anécdotas y curiosidades, así como en disciplinas como la literatura, la historia y la mitología, entre otras, el libro salta de un tema a otro con gran maestría para resumir en diez capítulos nuestra relación con la naturaleza a lo largo del tiempo. No voy a desgranar su contenido aquí, pero quien quiera conocer más sobre cómo hemos extinguido o llevado al borde de la extinción a especies emblemáticas como el alca gigante o la ballena azul, tenga curiosidad por saber más sobre las especies que se han visto beneficiadas por nosotros, o por qué científicos como Georges Cuvier ocupan un lugar preferente en el estudio de la evolución de la vida, no puede dejar de leer este libro.

El primate que cambió el mundo ofrece un buen ejemplo de que rigor (el autor se ha documentado en profundidad, como lo demuestra la prolija bibliografía citada al final) y entretenimiento van de la mano en la divulgación científica de calidad. Como toda buena novela, esta obra es de las que te atrapa y de las que, una vez empiezas, no paras de leer hasta que la terminas.

El que se lea como una novela no impide que el texto transmita mensajes claros y contundentes que no dejan lugar a dudas sobre nuestra responsabilidad en la crisis ecológica que estamos viviendo. Entre estos mensajes, personalmente me quedo con dos. Primero: debido al empobrecimiento de la biodiversidad y los ecosistemas que, generación tras generación, estamos ocasionando, el mundo en el que vivirán nuestros hijos tendrá menos biodiversidad y será más homogéneo (paisajísticamente hablando) que el que vivimos nosotros, y este, a su vez, es menos diverso y más homogéneo que el de nuestros padres y abuelos. Segundo: la biodiversidad entraña un valor intrínseco y es necesario conservarla más allá de su utilidad para nosotros. La importancia de ambas ideas se discute en el libro; comparto plenamente los argumentos del autor.

En líneas generales, esta obra me ha encantado. Pocas cosas puedo reprochar al autor. No me ha convencido, eso sí, el que no haya ninguna referencia dentro del cuerpo del libro a la bibliografía utilizada y presentada al final. Esto es algo común en ensayos de esta naturaleza, y entiendo que es algo que a los editores les gusta porque facilita la lectura y la comprensión por el gran público, pero no deja de resultar incómodo si quieres ir a la fuente original para contrastar cifras o ampliar información. La presencia de un índice hubiera resultado también de gran utilidad para revisitar pasajes particulares del libro, y pienso que este ganaría también más enteros con algunas fotografías. Podemos describir la naturaleza y las sensaciones que esta nos genera de muchas maneras, y el autor lo hace de una forma muy atractiva, pero si a estas descripciones les añadimos unas buenas imágenes, se reforzarían mejor algunos de los mensajes principales.

El libro se centra también en nuestro papel como «agotadores» de recursos naturales y «destructores» de biodiversidad. Como tal, deja una sensación de zozobra, sobre todo entre los que nos preocupamos por el impacto de nuestras acciones. La inclusión de algunos ejemplos de que también podemos revertir la pérdida de biodiversidad y recuperar ecosistemas que hemos degradado previamente quizás hubiera ayudado a paliar esta sensación. Tampoco me ha terminado de convencer el final. Lo he encontrado muy abrupto y considero que no está a la altura. (Pero, en el fondo, estos son pequeños detalles que entran dentro de los gustos y subjetividad de cada lector y que no desmerecen la calidad general del libro.)

Mi respuesta a la pregunta que planteaba al comienzo de esta reseña es, pues, un sí rotundo. Nos encontramos ante un libro muy recomendable para todo el mundo, y en particular para todos aquellos lectores que quieran saber más sobre nuestra relación con la naturaleza o, simplemente, gusten de una buena lectura. Como bien dice el autor «La vida alimenta a la vida», y esta obra es todo un alegato para apreciar y conservar la fascinante biodiversidad que puebla nuestro planeta. Contextualizar de manera adecuada el inmenso impacto que nuestras actividades han causado sobre la biodiversidad y, por ende, sobre el conjunto de los ecosistemas acuáticos y terrestres, sin duda alguna nos ayudará a tomar conciencia sobre la necesidad de que cambiemos nuestra forma de interactuar con la naturaleza. Urge, pues, que de una vez por todas tomemos cartas en el asunto si queremos salvaguardar nuestro modo de vida, que es realmente lo que está en peligro por nuestras propias acciones. De ello depende nuestro bienestar y el de las generaciones que nos sigan.

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