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Amebas contra la EPOC

Unos habitantes microscópicos del suelo contribuyen a la lucha contra esta mortífera dolencia.

Dictyostelium discoideum en su estado de cuerpo fructífero. [Tyler Larsen (CC BY SA 4.0), https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Dictyostelium_discoideum_fb_2.jpg]

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), que abarca el enfisema, la bronquitis crónica y otros trastornos respiratorios, es una de las primeras causas de muerte en los países occidentales. No existe tratamiento que la prevenga o la cure. Pero, gracias a las amebas, un nuevo estudio ha descubierto un conjunto de genes que podría ayudar a proteger las células pulmonares del daño y quizás anular los síntomas.

«Atiendo a pacientes con EPOC, así que esto era algo muy importante para mí», afirma la autora principal del estudio Corrine Kliment, investigadora de neumopatías y médica en la Universidad de Pittsburgh. En busca de genes que pudieran ser útiles, Kliment y su equipo recurrieron a la ameba del suelo Dictyostelium discoideum.

Las amebas y el ser humano poseen numerosos genes en común, pero el ciclo biológico de estos seres microscópicos es mucho más corto, así que permiten reconocer con rapidez genes de interés antes de pasar al estudio con los modelos de mamíferos. «Solemos bromear con que las personas somos poco más que amebas con pelo», me explica uno de los coautores, Douglas Robinson, investigador de la Universidad Johns Hopkins.

En torno a tres cuartas partes de las muertes por EPOC están vinculadas con el tabaquismo. Así que el laboratorio de Robinson analizó en cuatro breves semanas 35.000 amebas, cuyos genes habían sido modificados para producir en exceso varias proteínas y ver si alguna de ellas protegía a las amebas de los perjuicios del humo. Cuando las expusieron al extracto de humo de cigarrillo, comprobaron que las amebas a las que les iba mejor eran aquellas que estaban sobreproduciendo ciertas proteínas importantes para el metabolismo celular.

Acto seguido observaron esas mismas proteínas en células pulmonares humanas y de ratón. Descubrieron que las células procedentes de fumadores con EPOC y de ratones expuestos mucho tiempo al humo producían poca cantidad de una de ellas, la proteína ANT2.

También les sorprendió comprobar que la ANT2 parece desempeñar otra función, no vinculada al metabolismo. Observando las células pulmonares al microscopio, vieron que esta proteína se acumula en la superficie celular alrededor de las proyecciones filiformes denominadas cilios, que se mueven de un lado a otro para despejar el moco de los pulmones. En la EPOC, los cilios no se mueven bien; el moco se acumula y acaba causando insuficiencia respiratoria. Kliment y sus colaboradores han descubierto que la ANT2 fomenta la hidratación, lo que facilita el barrido del moco por los cilios. Han publicado sus resultados en Journal of Cell Science.

Kliment, Robinson y otros pretenden desarrollar fármacos y terapias génicas que aumenten la producción de ANT2, con la esperanza de que esto reduzca la acumulación de moco y revierta los síntomas de la EPOC. Robinson y otros colaboradores trabajan en este momento en la creación de una empresa que usará las amebas para seleccionar posibles sustancias terapéuticas, entre ellas algunas para la EPOC.

Gregg Duncan, investigador de neumopatías en la Universidad de Maryland y ajeno al estudio, afirma que es optimista con que este trabajo pueda ayudar a los enfermos de EPOC: «Es agradable conocer que hay posibilidades de anular los síntomas de forma más duradera».

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