El anillamiento científico de las aves

El empleo de este método, que permite desentrañar los misterios de las migraciones y los cambios en las poblaciones, se remonta a hace más de cien años. ¿Cómo ha evolucionado desde entonces?

Los estorninos, del grupo de los paseriformes, fueron las aves con las que se inició el anillamiento científico, hace más de cien años, cuando el ornitólogo danés Christian C. Mortensen se propuso conocer sus rutas migratorias. [GETTY IMAGES/DRAKULIREN/ISTOCK]

En síntesis

El anillamiento científico de las aves constituye una herramienta fundamental para estudiar sus desplazamientos, la dinámica de sus poblaciones, y otros parámetros que resultan valiosos para conocer su estado de conservación.

En Europa esta actividad se inició hace más de cien años; en España, hace noventa. Ello ha permitido obtener las series temporales de datos más largas de cualquier grupo animal.

En la actualidad, las numerosas campañas y programas de anillamiento que se desarrollan en nuestro país persiguen fines muy diversos, como el seguimiento de especies o grupos de interés o amenazados, o el estudio de la evolución de sus poblaciones a lo largo del año.

las aves son uno de los grupos animales más fáciles de observar en la naturaleza. Sus desplazamientos a lo largo del año, con su llegada y partida en distintas estaciones, han despertado desde siempre la curiosidad de los humanos. En la Antigua Grecia ya se preguntaban adónde iban las golondrinas cuando se ausentaban en invierno. Los textos de Aristóteles aluden a ellas, a las cigüeñas blancas y a otras aves, y explican que hibernan, igual que hacen los osos. Se pensaba, pues, que no partían en invierno, sino que simplemente se escondían. En el siglo XVIII, el naturalista y ornitólogo Gilbert White, en su obra La historia natural de Selborne, todavía relataba que las golondrinas se quedaban en Gran Bretaña durante la estación invernal.

No fue hasta finales del siglo XIX cuando los enigmas sobre los desplazamientos y la migración de las aves comenzaron a resolverse gracias a la invención del anillamiento científico. Pero ¿cómo nació la idea?

Se sabe que los antiguos egipcios ya marcaban las aves, como los halcones peregrinos, a los que representaban en los jeroglíficos e incluso veneraban como una divinidad, el dios Horus. Estos se marcaban con anillos para que, si escapaban o se perdían, pudieran ser encontrados y devueltos a su propietario. El anillo era un objeto metálico cerrado por el que se introducía la pata del ave al poco de nacer, así podía colocarse sin problema y permanecer en el animal cuando crecía.

Los romanos hacían lo mismo con las aves de presa para cazar, e incluso llegaron a marcar golondrinas con lazos para intercambiarse mensajes entre las tropas. Tampoco podemos olvidar el uso desde la antigüedad, e incluso hasta nuestros días, de las palomas mensajeras, sobre todo en épocas de guerra. Actualmente, estas aves se utilizan en colombofilia y en concursos deportivos, en los que numerosos grupos y asociaciones marcan cada año miles de palomas nacidas en cautividad para este fin. Todas estas prácticas no dejan de ser una forma de marcaje de las aves. ¿Cómo se pasó de ellas al anillamiento científico que se hace en nuestros días? ¿Qué datos nos aporta sobre las aves y de qué modo se utiliza?

Los primeros anillamientos

Un paso clave en los esfuerzos por desentrañar los misterios de la migración de las aves lo dio el ornitólogo Christian C. Mortensen en Dinamarca en 1890. Fue el primero en marcar aves, en concreto, unos estorninos pintos. Para ello empleó anillas metálicas, que, a diferencia de los anillos, son abiertas y se cierran en el momento del marcaje. Mortesen numeraba cada anilla e incluía su dirección, lo que hoy se conoce como «remite». En unos años fue perfeccionando el material de las anillas, pues las iniciales daban problemas (eran demasiado pesadas), y en 1899 comenzó a practicar lo que a partir de entonces y hasta nuestros días denominamos «anillamiento científico». A lo largo de su vida, recopiló datos de los numerosos ejemplares que anillaba, unos 6000, y así estableció las primeras rutas migratorias de las aves.

El anillamiento, al que siempre le añadimos el apellido de «científico», está siempre relacionado con el método científico e implica el uso de anillas grabadas con un código alfanumérico (o numérico) y una dirección o remite. Este corresponde a la oficina de anillamiento que ha generado las anillas. Por ejemplo, en España, SEO/BirdLife trabaja con el remite referido con las siglas ESS.

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