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El poblamiento de América

La colonización del continente americano fue mucho más compleja de lo que se pensaba. Implicó el aislamiento y la fusión de numerosas poblaciones en el curso de milenios.

WINONA NELSON

En síntesis

La teoría clásica acerca del origen de los primeros americanos señala a una única población madre, procedente de Asia oriental.

Los análisis de ADN moderno y prehistórico revelan, en cambio, que hubo un cruzamiento entre dos grupos, paleoasiáticos orientales y paleosiberianos del norte.

La ramificación de aquellos primeros americanos en las poblaciones amerindias actuales dista de estar clara. Se barajan tres hipótesis, que tal vez nuevos hallazgos arqueológicos y genéticos consigan esclarecer.

Desde que Homo sapiens naciera en África hace cientos de miles de años, no tardó en seguir los pasos de otras especies humanas como Homo erectus, los neandertales o los denisovanos, e inició una lenta expansión por el planeta. Pero los primeros humanos modernos que se adentraron en América llegaron a un lugar que ninguna familia humana había pisado antes. El proceso de exploración, poblamiento y adaptación a los ambientes que hallaron a lo largo de ambos subcontinentes fue una empresa trascendental, que constituyó el germen de las ricas y complejas historias de la gran multitud de naciones y comunidades que hoy pueblan América.

En su periplo por el continente, los antepasados de los amerindios actuales tuvieron que afrontar vicisitudes extraordinarias. Sobrevivieron al frío intenso y a la aridez de un suceso climático global ocurrido hace entre 26.000 y 20.000 años, el llamado Último Máximo Glacial. Llegaron a tierras desconocidas, habitadas por una flora y una fauna igualmente ignotas.

Tales acontecimientos se han intentado explicar desde múltiples perspectivas. Los pueblos amerindios poseen numerosas narraciones orales acerca de sus orígenes, que han transmitido de generación en generación. Ese saber tradicional contiene importantes lecciones sobre el nacimiento de la identidad común de cada pueblo y de su relación con la tierra y los demás moradores no humanos. Ciertos relatos hablan de migraciones desde lugares lejanos. El prisma que la mayoría de los científicos occidentales adopta para estudiar la historia de los movimientos demográficos es diferente. El presente artículo aborda esos modelos del poblamiento de América, pero respeta y al mismo tiempo reconoce la existencia de antiguas historias orales con las que tales modelos no siempre coinciden.

Hace tiempo que los arqueólogos, los antropólogos físicos, los lingüistas y los paleoclimatólogos intentan averiguar cómo tuvo lugar la dispersión humana por el continente americano. Fruto de esas investigaciones han elaborado hipótesis sobre el origen de los pueblos indígenas que explican quiénes fueron sus antepasados y cuándo y cómo se instalaron en aquellas tierras. La que ha prevalecido durante décadas sostiene que un único grupo de cazadores procedentes del este de Asia se internó en América después del Último Máximo Glacial siguiendo el rastro de grandes animales y, con el tiempo, dio lugar a todos los pueblos de esta parte del mundo.

Durante las últimas décadas, empero, se ha recurrido a la genética para dilucidar este capítulo de la humanidad. Y no es exagerado decir que la información aportada por los estudios genéticos ha revolucionado las ideas. Queda mucho por descubrir, pero los hallazgos genéticos, junto a descubrimientos arqueológicos recientes, han demostrado que el poblamiento de América fue mucho más complejo de lo anticipado. Ahora sabemos que los pueblos amerindios descienden de varias poblaciones antiguas, no de una sola.

Antes de Clovis

Durante gran parte del siglo XX, la teoría dominante sobre el origen de los indígenas americanos en el campo de la arqueología fue la conocida como el «consenso de Clovis». La hipótesis se basaba en la suposición de que los característicos útiles líticos de la cultura de Clovis, conocidos como puntas clovis y descubiertos en yacimientos dispersos por Norteamérica, eran el producto de los primeros paleoamericanos. Estas puntas de lanza con acanaladuras aparecieron de repente en lugares que estaban situados al sur del casquete glacial hace unos 13.000 años, durante el Pleistoceno tardío, a veces junto a restos de la megafauna contemporánea, como mastodontes, mamuts y bisontes. A partir de la cronología y la distribución geográfica de los yacimientos de la cultura de Clovis, los arqueólogos dedujeron que los humanos migraron de Siberia a Norteamérica a través del puente terrestre de Beringia, hoy sumergido, después del Último Máximo Glacial. Pronto atravesaron un corredor abierto en el tramo oriental de las Montañas Rocosas canadienses por el retroceso del casquete helado, que daba paso al interior de Norteamérica. A continuación, estos cazadores-recolectores, que vivían en grupos pequeños y recorrían grandes distancias en busca de caza mayor, viajaron rápidamente hacia el sur hasta poblar Sudamérica durante el milenio siguiente.

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