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1 de Noviembre de 2013
Neurociencia

Adicción a la comida

Nuevas investigaciones sobre el cerebro revelan por qué las grasas y los azúcares hacen que cada vez más personas sufran obesidad.

JAMES WORRELL

En síntesis

Investigaciones recientes demuestran que la sobrealimentación no constituye un trastorno del comportamiento, como una falta de autocontrol, y no está causada por un desequilibrio hormonal.

En lugar de ello, las comidas ricas en grasas y azúcares sobrecargarían el sistema de recompensa del cerebro, lo que reduciría su capacidad de informar al individuo que dejase de comer. En esos casos, cuanto más se come, más se desea seguir haciéndolo.

Saber que tal mecanismo corresponde a una adicción solo importa si ayuda a desarrollar tratamientos. El fármaco rimonabant, puede reducir el deseo de comer, pero tiene efectos secundarios peligrosos. Hace falta continuar investigando si las redes cerebrales implicadas en la sobrealimentación coinciden con las de la drogadicción y, de ser así, si los tratamientos contra la adicción frenarían la epidemia de obesidad.

Solo por satisfacer su deseo de chocolate, una rata se arriesgaría a morir, según ha comprobado nuestro grupo hace poco. En un experimento permitimos que la ratas accedieran de modo ilimitado a su comida habitual, así como a una zona repleta de apetecibles alimentos hipercalóricos: salchichas, tarta de queso, chocolate. Los múridos disminuyeron su ingesta de los elementos sanos pero insulsos y consumieron casi exclusivamente la comida rica en calorías. Ganaron peso hasta volverse obesos.

A continuación, mediante un pulso de luz advertimos a las ratas de la llegada de un impacto desagradable en sus patas mientras comían. Las que ingerían alimentos insípidos los abandonaban enseguida y se iban corriendo, pero las obesas continuaban devorando la comida rica, ignorando la advertencia que habían aprendido a temer. Su deseo hedonista prevalecía sobre su sentido básico de supervivencia.

Nuestros descubrimientos se asemejan a otros realizados con anterioridad por Barry Everitt en la Universidad de Cambridge, salvo que sus ratas eran adictas a la cocaína.

¿Presentan entonces las ratas obesas adicción a la comida? La incapacidad de reprimir un comportamiento, a pesar de las consecuencias negativas, resulta habitual en la adicción. En determinadas personas se están hallando conductas compulsivas similares. Casi todos los obesos afirman que desean consumir menos; sin embargo, continúan comiendo más de lo necesario aunque saben que ello puede acarrearles consecuencias negativas para su salud y vida social. Algunos estudios demuestran que la sobrealimentación activa los sistemas de recompensa de nuestro cerebro; en algunas personas la magnitud de ese efecto vence a los mensajes que el cerebro les envía cuando ya han consumido suficiente. Como ocurre en los alcohólicos y drogadictos, cuanto más comen más quieren comer. Sea o no técnicamente una adicción, si la sobrealimentación estimula los mismos circuitos cerebrales que el consumo de drogas, los medicamentos que inhiben el sistema de recompensa podrían ayudar a que la gente obesa comiera menos.

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