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1 de Noviembre de 2013
Psicología

La mente de los vegetarianos

Las primeras investigaciones acerca de la esfera psicológica del vegetarianismo parecen revelar que quienes renuncian a la carne gozan de una mayor empatía.

© MATHOM/FOTOLIA (polluelos); CHRISTIAN BARTHOLD, G&G (composición)

En síntesis

Aunque algunos individuos se decantan por el vegetarianismo por razones de salud o gusto gastronómico, la mayoría de las personas que renuncian a la carne suelen hacerlo por motivos morales.

Vegetarianos y veganos suelen trazar una frontera psicológica menos nítida entre humanos y animales. A menudo atribuyen a estos últimos emociones que generalmente se consideran humanas.

Algunos experimentos recientes han mostrado que, ante imágenes que muestran sufrimiento animal, el cerebro de los vegetarianos presenta una mayor actividad en las áreas implicadas en la empatía.

Tarde típica de barbacoa en casa de Roberto y Cristina (nombres ficticios). Sobre el carbón se asan unas salchichas y unos pinchos de verduras, bien apartados unos de otros. «Para mí una verdadera comida ha de contener carne. Yo no podría alimentarme solo de cosas verdes, como Cristina», explica Roberto mientras vierte kétchup sobre la carne y adorna su plato con una hoja de lechuga. «Todo es cuestión de voluntad», contraataca Cristina. «De todos modos, ni siquiera lo has intentado. ¡Por favor, no des la vuelta a mis brochetas con las pinzas de la carne!»

Roberto y Cristina son una pareja feliz. Sin embargo, a la hora de la comida suele haber discusiones. Roberto es un carnívoro empedernido; Cristina, una vegetariana igual de convencida. Hoy tiene 28 años, pero ya de niña rehusaba comer animales. Muy a pesar de sus padres, quienes atribuían el comportamiento de su hija a una «rebeldía preadolescente».

Puede que los progenitores de Cristina no estuviesen tan equivocados. Los vegetarianos vienen nadando contracorriente desde mediados del siglo XIX, cuando, en el seno del movimiento crítico con la industrialización y la expansión urbanística que defendía un estilo de vida más natural, surgieron los primeros grupos de vegetarianos. «Abandonar la carne formaba parte de la ideología de entonces», explica Sebastian Zösch, director de la Asociación Alemana de Vegetarianos, fundada en 1892. Los seguidores del movimiento solían renunciar también a estimulantes como el tabaco y el alcohol. «Aparte de eso, los argumentos éticos ya desempeñaban un papel.»

Hoy en día, no obstante, el 85 por ciento de los alemanes ingieren carne a diario o casi todos los días y la mayoría se decanta por algún plato de carne cuando visita un restaurante. A pesar de todo, hay libros que convencen a un número cada vez mayor de personas para llevar una vida vegetariana, como Comer animales, de Jonathan Safran Foer, o Por qué amamos a los perros, comemos cerdo y nos vestimos con vacas, de Melanie Joy. La industria alimentaria parece haber tomado nota: en un gran número de supermercados, la salchicha de tofu es ya habitual.

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