Ingeniería informática

Computadoras ópticoneuronales

¿Es posible construir ordenadores capaces de resolver problemas que exijan tener registradas en la memoria todas las soluciones? La clave puede consistir en organizaciones de elementos ópticos que remeden a las neuronas del cerebro.

A los investigadores en inteligencia artificial les resulta cada vez más exasperante ver con cuánta facilidad es capaz un niño de tres años de señalar un árbol en una fotografía. En abierto contraste, programas sumamente complejos y perfeccionados, instalados en los más poderosos superordenadores, apenas si logran resultados mediocres al acometer una tarea esencialmente equivalente: el reconocimiento de figuras. Lo paradójico de esta situación es que los ordenadores pueden obtener rápidamente la solución de problemas que desbordarían la capacidad del cerebro humano. Más aún, una simple calculadora de bolsillo supera al cerebro humano en tareas como la de efectuar el producto de dos números de diez cifras. ¿En qué reside la diferencia entre la multiplicación de números y el reconocimiento de objetos, para que cueste tanto lograr la segunda en los ordenadores? Con otras palabras, ¿por qué es tan difícil hacer que un ordenador reconozca un árbol?

En última instancia, la respuesta a tales cuestiones estriba en que los problemas de identificación de figuras no admiten una definición formal y compacta. Para reconocer árboles se requiere una definición muy amplia de la naturaleza de árbol, que equivaldría a una descripción de todas las variantes concebibles. Los problemas de la clase de los planteados por el reconocimiento de figuras constituyen un subconjunto de los llamados problemas aleatorios, es decir, problemas cuya resolución exige, en esencia, un conocimiento de todos los posibles estados del sistema. Por consiguiente, la resolución de un problema aleatorio comporta tener registrados en la memoria la totalidad de posibles estados, más la facultad de seleccionar rápidamente la más idónea de las soluciones entre el conjunto de las registradas, habida cuenta de los datos disponibles. Por el contrario, la solución de una tarea computacional típica, piénsese en la multiplicación de números, puede quedar sucintamente expresada mediante un algoritmo, o sea, una secuencia de instrucciones perfectamente especificadas, que definan de qué forma han de manipularse los datos para llegar a una solución.

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