Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Mayo de 2016
Aplicaciones contractivas

El efecto Droste y los Alcántara

Recursividad, puntos fijos y un problema con el tiempo dentro del tiempo.

La recursividad ha sido empleada exhaustivamente en el arte y en el diseño publicitario. Esta versión continua de un patrón recursivo muestra los pétalos de una flor dispuestos en una espiral que se contiene a sí misma un número infinito de veces. [© DIMITRIOS STEFANIDIS/iStockphoto]

Los informáticos sienten pasión por las siglas y los acrónimos. Algunos son pequeñas obras de arte, como GNU, el popular sistema operativo abanderado del software libre. GNU significa GNU's Not Unix, por lo que se trata de un acrónimo recursivo en el que una de sus letras representa... ¡el propio acrónimo!

Dado que los informáticos también adoran la recursividad, los ejemplos abundan: PHP (PHP: Hypertext Preprocessor), Pine (Pine Is Not Elm), Wine (Wine Is Not an Emulator)... Incluso hay versiones no oficiales, como la del motor de búsqueda Bing, que, según las malas lenguas, significa Bing Is Not Google. Y en un más difícil todavía nos encontramos con dos perlas: Hurd (Hird of Unix-Replacing Daemons), en cuya definición aparece a su vez otro acrónimo, Hird, que significa Hurd of Interfaces Representing Depth, con lo que componen un par de acrónimos mutuamente recursivos. Y, para acabar, mi favorito: UIRA que significa UIRA Isn't a Recursive Acronym, un acrónimo recursivo paradójico.

Tal vez la forma más elemental y primitiva de recursividad sea el efecto Droste. Este consiste en una imagen que contiene una réplica en miniatura de sí misma: si dicha réplica es fiel, deberá incluir a su vez otra aún menor, la cual contendrá otra más, etcétera. El nombre proviene de una popular marca de chocolates de los Países Bajos que, a principios del siglo XX, empleó este efecto en una de sus imágenes publicitarias. En ella aparecía una enfermera que portaba, justamente, una caja de cacao Droste decorada con una réplica en miniatura de la imagen original. Así pues, en la caja aparecía otra vez la enfermera, la cual llevaba otra caja, y así sucesivamente.

Si bien existen ejemplos muy anteriores en la historia del arte —sobre todo en manuscritos iluminados o en vitrales—, el ámbito en el que este recurso se ha empleado de forma extensa ha sido en el diseño publicitario. Ejemplos bien conocidos los hallamos en las presentaciones de la marca de quesos francesa La Vaca que Ríe, el polvo para hornear estadounidense Royal o el agua embotellada española Mondariz.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.