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El misterio de la sombra azul

Entre el sol poniente y la luna naciente, la estela de un cohete proyecta un enigmático «rayo de sombra». ¿A qué se debe?

El 7 de febrero de 2001, el transbordador Atlantis partió hacia la Estación Espacial Internacional justo al atardecer. Como consecuencia de un curioso fenómeno óptico, la estela del cohete proyectó un «rayo de sombra» sobre la luna llena. [PAT MCCRACKEN/NASA]

En febrero de 2001, durante el despegue del transbordador espacial Atlantis a bordo de un cohete hacia la Estación Espacial Internacional, pudo verse en el cielo un espectáculo fascinante. Entre la luna naciente —que a primera vista podríamos haber confundido con el sol poniente— y la estela del cohete, se dibujó una enigmática línea azul (ilustración). Para explicar por qué, habremos de recurrir a todo tipo de consideraciones físicas. Y ese no es el único misterio que hay en esta imagen.

Vayamos por partes. La estela de gases reproduce de manera impresionante la trayectoria del cohete. Al igual que las estelas de condensación de los aviones, las de los cohetes están formadas principalmente por gotas de agua, por lo que podemos deducir que la humedad del aire era bastante elevada. Vemos que la estela se ensancha en su parte inferior, ya que el movimiento irregular del aire se encarga en cuestión de minutos de que el vapor vaya dispersándose, se evapore y finalmente desaparezca.

La primera pregunta que podemos hacernos es qué cuerpo celeste brilla al fondo. El color crepuscular del cielo podría hacernos pensar que estamos mirando hacia el oeste, hacia la puesta de sol. Pero, de ser el caso, ¿no deberíamos ver un disco de color amarillo rojizo? ¿Y cómo explicar la franja oscura que se extiende sobre el horizonte?

Parece evidente que no se trata del sol, sino de la luna llena que se eleva al atardecer, y que, por tanto, miramos hacia el este. Allí también atardece, ya que desde esa dirección nos llega la luz rojiza del sol poniente, la cual es dispersada hasta nuestros ojos. Pero este «anticrepúsculo» no nos resulta muy familiar: debido a que su luz ha recorrido dos veces el largo camino a través de la atmósfera (desde el sol al horizonte y de vuelta al observador), normalmente resulta tan débil que ni siquiera podemos apreciarla.

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