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1 de Mayo de 2016
Medioambiente

La segunda vida del bosque

Si se le concede la oportunidad de regenerarse, la selva arrasada puede albergar casi tanta vida como la virgen.

CORTESÍA DE ANDREW WHITWORTH

Los conservacionistas que luchan por salvar la selva tropical suelen volcar sus esfuerzos en los reductos prístinos, los cada vez más escasos terrenos en que el zumbido de las motosierras es un eco lejano. Pero merece la pena proteger hasta los terrenos cortados a matarrasa. Cada vez más datos muestran que, en las circunstancias adecuadas, las parcelas que han sufrido una tala intensa pueden rebrotar y albergar casi tanta biodiversidad como la Amazonia virgen.

Un estudio publicado en marzo en Tropical Conservation Science ofrece la última mirada al valor biológico de los llamados bosques secundarios. Un equipo internacional de ecólogos y voluntarios ha dedicado un año y medio a clasificar cada ave, anfibio, reptil y mamífero de mediana o gran talla que han hallado en 800 hectáreas en recuperación en el Parque Nacional del Manu, en Perú, catalogado como reserva de la biosfera por la UNESCO. El censo definitivo de 570 especies supone un 87 por ciento de las conocidas en los bosques vírgenes vecinos, entre ellas fauna amenazada como el perro de monte (Atelocynus microtis) y el armadillo gigante (Priodontes maximus). El equipo descubrió incluso la que podría ser una nueva especie de rana.

El estudio del Manu representa un ejemplo de manual de la biodiversidad en un bosque secundario, afirma Andrew Whitworth, de la Universidad de Glasgow, que llevó a cabo el trabajo en colaboración con la peruana Fundación Crees. El éxito probablemente se explica porque la caza y la tala están prohibidas desde hace tiempo en el parque, y la fauna puede adentrarse en él sin dificultad desde las extensas zonas intactas cercanas.

Pero incluso las tierras gravemente devastadas que apenas han iniciado el proceso de recuperación aportan multitud de beneficios ambientales, como la conservación de las vertientes y el servir de corredores para la fauna. Los bosques secundarios reducen asimismo la contaminación por dióxido de carbono: el pasado febrero se informó de que los bosques tropicales regenerados absorben hasta 11 veces más carbono atmosférico que los inalterados (porque estos últimos ya están al borde de su máxima capacidad de retención).

«No estamos diciendo en ningún momento que sean más importantes que el bosque primario», matiza Whitworth. «Sin embargo, con una buena protección y tiempo para regenerarse, los bosques secundarios pueden convertirse en un recurso muy valioso.» De forma ingeniosa, Robin Chazdon, profesor de ecología en la Universidad de Connecticut, y sus colaboradores han comparado en un artículo el bosque regenerado con un buen vino de Burdeos, pues ambos mejoran con la edad.

Hasta ahora, las parcelas taladas de los trópicos solían convertirse en plantaciones de palma de aceite o en otros cultivos, sin valorar en nada el potencial de reforestación (fotografía). Pero ahora se comienza a prestar atención al problema. En la cumbre del clima celebrada en 2014 en Nueva York bajo el auspicio de la ONU, varias docenas de los principales Gobiernos del mundo, empresas multinacionales, organizaciones sin ánimo de lucro y grupos indígenas se comprometieron a restaurar 350millones de hectáreas de bosque degradado hasta 2030. «No podemos limitarnos a salvaguardar los bosques primigenios», advierte Chazdon, que está asesorando a Brasil sobre cómo revitalizar su diezmado bosque atlántico. «Con eso no bastará.»

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