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Sobre el éxito de Homo sapiens y ¿tránsitos o manchas estelares?

EL ÉXITO DE HOMO SAPIENS
En «La especie más invasora» [Investigación y Ciencia, octubre de 2015], Curtis M. Marean incluye una fantasiosa escena en la que se describe a los neandertales relatando batallas en torno a sus fogatas. Aunque dicho pasaje está claramente concebido como un recurso narrativo, sí refleja una seria omisión del artículo: entre las posibles causas que se enumeran para explicar el dominio del ser humano moderno, el autor deja fuera el habla. Y las pocas referencias que hace al lenguaje parecen implicar que el habla constituyó una facultad común a todos los grupos humanos.

No solo no hay consenso científico al respecto, sino que, basándose en varias diferencias anatómicas, algunos investigadores sostienen que fue justamente el habla lo que confirió a los humanos modernos la ventaja decisiva sobre los neandertales. De hecho, resulta difícil imaginar que el nivel de cooperación que Marean denomina «hiperprosociabilidad» y que considera clave para el éxito de H. sapiens haya podido darse sin ella.

Tracy Schwartz Matthews
Mountain View, California

 

Marean parece dar por garantizada la cuestionable idea de que el éxito del ser humano moderno puede remitirse a la elaboración de puntas de lanza cada vez mejores y a otras actividades típicamente masculinas. ¿Por qué todos los atributos supuestamente exitosos de nuestra especie deberían ser varoniles? Prácticamente cualquier aspecto relativo a la reproducción humana está determinado por las mujeres. Y, según algunos autores, la recolección puede llegar a proporcionar más proteínas que la caza. De hecho, los ricos bancos de marisco a los que Marean atribuye tanta importancia para la evolución humana tuvieron que ser recolectados, no cazados.

Adrian Verrinder
Bendigo, Australia

 

RESPONDE MAREAN: Estoy de acuerdo en que el complejo comportamiento hiperprosocial de nuestra especie requiere alguna forma avanzada de comunicación. Sabemos que el habla moderna tuvo que originarse hace al menos 110.000 años, ya que fue entonces cuando surgió el linaje humano superviviente más antiguo conocido (el de los grupos africanos khoisan), el cual goza de un lenguaje completamente desarrollado. Algunas estimaciones sugieren que el lenguaje podría ser tan antiguo como el ancestro común del ser humano moderno y los neandertales. Y no existe un consenso sobre que estos últimos careciesen de la maquinaria anatómica necesaria para el habla, pues las partes relevantes simplemente no se han conservado.

Sobre la objeción al enfoque abiertamente «machocéntrico» del artículo, diré que este es una secuela de mi artículo de 2010 «Cuando el mar salvó a la humanidad» [Investigación y Ciencia, octubre de 2010], donde se enfatizaba la importancia de la recolección de plantas y de marisco para la supervivencia de nuestra especie. El registro etnográfico deja claro que, en las sociedades de cazadores-recolectores, estas dos actividades constituyen un trabajo típicamente femenino. El artículo de 2010 subrayaba la manera en que la alimentación y el ingenio común ayudaron a nuestra especie a superar una crisis climática. Este otro, en cambio, se centra en lo que ocurre cuando un grupo etnolingüístico invade el territorio de otro. Tales actos son brutales y sangrientos, y las matanzas y carnicerías que se derivan de ellos se deben a las armas y a los hombres.

 

¿TRÁNSITOS O MANCHAS ESTELARES?
En uno de los gráficos del artículo de Alexandra Witze «Exoplanetas: los próximos 20 años» [Investigación y Ciencia; febrero de 2016], vemos que al disminuir temporalmente el brillo de una estrella se infiere la existencia de un planeta orbitando en torno a ella. ¿Podría confundirse esa disminución de brillo con enormes manchas estelares? ¿Se han visto otras manchas estelares además de las del Sol?

Juan Manuel Pérez Rayego
Mérida, Badajoz

 

RESPONDE JOSÉ A. CABALLERO (director adjunto del proyecto CARMENES para la búsqueda de exoplanetas desde el Observatorio de Calar Alto, Almería): El Sol es bastante tranquilo comparado con otras estrellas más jóvenes o de menor masa (más frías): en efecto, vemos enormes manchas en otras estrellas. Sin embargo, su efecto depende de la longitud de onda, con disminuciones de brillo mayores hacia el azul-ultravioleta y menores hacia el rojo-infrarrojo. En cambio, la atenuación en el brillo de una estrella provocada por un planeta que transita apenas depende de la longitud de onda. Además, un tránsito planetario tiene una forma muy característica y simétrica, por lo que, dada la precisión que los astrónomos alcanzamos hoy en día, es difícil confundir ambos efectos.

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