Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Julio de 2019
Etología

Alarma de mono

Algunas presas emiten gritos de advertencia que ahuyentan a los depredadores.

Tití enmascarado (Callicebus personatus). [LEONARDO MERCON, GETTY IMAGES]

La antropóloga Dara Adams andaba siguiendo a media docena de monos saki (Pithecia sp.) en la selva amazónica de Perú cuando, de improviso, comenzaron a chillar, aullar y ulular con frenesí. Poco después, sigiloso y negro como la noche, un jaguarundí descendió por el tronco de un castaño de Pará, brincó al suelo y se esfumó entre la espesura.

Son muchos los animales que recurren a gritos de alarma para advertir a sus congéneres de la presencia de intrusos, como ese pequeño felino. Pero tal explicación no convenció del todo a Adams, pues los monos no cesaron de gritar cuando todos los miembros del grupo ya estaban sobradamente prevenidos. Otra posibilidad más interesante es que se estuvieran dirigiendo al cazador, para espetarle algo como: «Sabemos que estás ahí. Desiste de tu emboscada».

Esta hipótesis, que los etólogos denominan «disuasión de la persecución», ha sido propuesta en estudios con aves, peces y mamíferos, pero la vasta mayoría presta atención a la presa y no aborda los efectos que esas vocalizaciones ejercen en el depredador, explica Adams. Así que, junto con su equipo de la Universidad Estatal de Ohio, decidió colocar collares radiotransmisores a dos ejemplares de ocelote, otro pequeño felino de la Amazonia peruana. Mientras seguían sus desplazamientos, recurrieron a un altavoz camuflado para reproducir grabaciones de los gritos de alarma de los titíes y los monos saki, presas también de este carnívoro. En ese mismo estudio reprodujeron también otro tipo de vocalizaciones sociales de estos primates.

Los gritos de alarma demostraron ser un elemento disuasor eficaz, pues los ocelotes se alejaron del altavoz. Al oír otros reclamos permanecieron inmóviles o se desplazaron en otras direcciones al azar, pero nunca se alejaron tanto como al escuchar los gritos, según describió el equipo el noviembre pasado en Animal Behaviour. «Nuestro estudio aporta las primeras pruebas experimentales de que los gritos de alarma de las presas ahuyentan a los carnívoros que cazan al acecho en condiciones naturales», explica Adams.

Como observador ajeno al estudio, Dan Blumstein, biólogo de la Universidad de California en Los Ángeles, coincide en que todo indica que las vocalizaciones disuaden a los felinos. Pero se pregunta: «¿Abandonan por temor a ser atacados por los monos? ¿O porque se saben descubiertos?».

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.