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1 de Julio de 2019
Exploración espacial

El momento más difícil

El alunizaje del Apolo 11 tuvo que superar toda una serie de complicaciones imprevistas. Algunas de ellas estuvieron a punto de hacer abortar la misión.

Fotografía del ascenso del módulo lunar, capturada por Michael Collins desde el módulo de comando el 21 de julio de 1969. [NASA]

En síntesis

El 20 de julio de 1969, el Apolo 11 acometió el primer alunizaje tripulado de la historia. Las misiones anteriores del programa Apolo habían ensayado las fases previas del vuelo, pero cómo transcurriría el alunizaje era una incógnita.

El descenso del módulo lunar tuvo que superar numerosas dificultades imprevistas. Entre ellas, problemas en las comunicaciones, fallos en el sistema de navegación y la aparición de varias alarmas de origen desconocido.

El Eagle se posó sobre la superficie lunar pocos segundos antes de agotar el combustible. Además, un fallo en el sistema de control del motor estuvo a punto de tornarlo inestable, lo que habría podido tener consecuencias fatales.

El 20 de julio de 1969 a las 20:17 UTC (una hora más en la España peninsular), el módulo lunar de la misión Apolo 11, el Eagle, se posaba con éxito sobre la superficie del satélite. En él viajaban Neil Armstrong, comandante de la misión, y Buzz Aldrin, piloto del módulo lunar. Arriba, a 110 kilómetros de altitud, había quedado en órbita el módulo de mando, pilotado por Michael Collins. Unas 22 horas después (que incluyeron numerosos preparativos dentro de la nave, un paseo lunar de más de dos horas y otras siete de sueño de la tripulación), Armstrong y Aldrin encendieron la etapa superior del Eagle y, usando la inferior como plataforma de lanzamiento, despegaron y salieron al encuentro con Collins. Tras ensamblar con éxito la etapa de ascenso al módulo de mando, entraron en él, se deshicieron del Eagle y emprendieron el camino de regreso. Tres días después, el 24 de julio, los tres astronautas llegaban sanos y salvos a la Tierra.

Atrás quedaba la histórica llegada de los primeros seres humanos a otro mundo. Sin embargo, durante el descenso del Eagle se produjeron numerosos imprevistos que tuvieron que ser sorteados en tiempo real por la tripulación y por el equipo de control en Houston.

Persistentes dificultades en las comunicaciones, la aparición de varias alarmas inesperadas a bordo y un error en la navegación complicaron aún más una fase de vuelo que se acometía por primera vez en la historia y que era, de por sí, la más crítica y difícil de toda la misión. A todo ello se unió la amenaza de una inestabilidad en el motor de descenso. Solo este hecho, desconocido para todos durante la misión, pudo haber supuesto el aborto del descenso propulsado en el mejor de los casos y, en el peor de ellos, consecuencias fatales para los astronautas.

Descenso a la Luna
El conjunto de maniobras que debía efectuar el Eagle para abandonar el módulo de mando y posarse sobre la superficie lunar se dividía en dos fases: la inserción en la órbita de descenso y el descenso propulsado. La primera se inició sobre la cara oculta de la Luna con el encendido del motor de descenso del Eagle (véase el esquema «Órbita de descenso»). El objetivo era abandonar la órbita de aparcamiento del módulo de mando, el cual permanecería girando a una altitud de unos 110 kilómetros. El encendido del motor, de apenas medio minuto de duración, impartió un cambio de velocidad que colocó al Eagle en una órbita elíptica que lo fue acercando progresivamente a la superficie lunar. Media revolución después, al llegar al perilunio (el punto de la órbita más próximo al satélite), tuvo lugar el inicio del descenso propulsado.

Este comenzó a algo más de 15 kilómetros de altitud y a unos 460 kilómetros de distancia del lugar planeado de alunizaje. En ese momento la altitud del Eagle se había reducido en unos 95 kilómetros, pero su velocidad no había corrido la misma suerte. Las leyes de la mecánica dictan que, en una órbita elíptica, la velocidad aumenta cuando nos acercamos al centro de atracción. Como consecuencia, el Eagle había incrementado su velocidad desde los algo más de 5760 kilómetros por hora a los que viajaba en la órbita de aparcamiento hasta unos 7560 kilómetros por hora al llegar al perilunio. Entonces se produjo de nuevo la ignición del motor, que ya no se apagaría hasta que el Eagle estuviera posado sobre la superficie, 12 minutos y 38 segundos más tarde.

El descenso propulsado constaba a su vez de tres fases: frenado, aproximación y alunizaje (véase el esquema «Descenso propulsado»). La primera de ellas era la de mayor duración, de 8 minutos y 30 segundos. Tenía por objetivo reducir la velocidad del Eagle de la manera más óptima en términos de consumo de combustible, a la vez que se reducía la altitud.

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