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1 de Julio de 2019
Biomedicina

Freno a la psoriasis

La inactivación de la proteína inmunitaria CD6 atenúa la enfermedad en ratones. Ello abre la puerta al desarrollo de nuevos tratamientos.

Las lesiones escamosas y rojizas se distribuyen de forma simétrica por todo el cuerpo en los pacientes con psoriasis vulgar. [PositiveFocus/iStockphoto]

El sistema inmunitario está formado por una compleja red de células, tejidos y órganos que funcionan conjuntamente con el objetivo de defendernos frente a agresiones externas e internas. Reconoce los gérmenes invasores y ayuda a eliminarlos con el fin de que no supongan una amenaza para nuestro organismo. Sin embargo, cuando no funciona adecuadamente, puede originar varias enfermedades: alergias (respuestas inmunitarias contra sustancias que no son dañinas), inmunodeficiencias (trastor-
nos originados por un funcionamiento defectuoso o insuficiente de nuestras defensas frente a una infección) y enfermedades autoinmunitarias (cuando las defensas atacan por error células de nuestro cuerpo). A este último grupo pertenece la psoriasis, una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que afecta a más de 125 millones de personas en todo el mundo.

Si bien todavía no existe cura para este trastorno autoinmunitario, nuevos hallazgos sobre su fisiopatología han allanado el camino para el desarrollo de futuros tratamientos. En un trabajo publicado en la revista Cellular & Molecular Immunology, nuestro equipo ha ahondado en el potencial terapéutico de una proteína del sistema inmunitario llamada CD6. Mediante ensayos en ratones, por un lado, y el estudio del gen CD6 en pacientes humanos, por otro, hemos llegado a la conclusión de que la inactivación de esta proteína permitiría atenuar la psoriasis.

 

CD6: Pieza clave en la respuesta inmunitaria

La psoriasis se caracteriza por lesiones cutáneas que pueden tomar distintas formas clínicas, siendo la más extendida la llamada «vulgar». Esta variante presenta lesiones escamosas y rojizas que producen picor y se distribuyen de forma simétrica por todo el cuerpo, afectando con mayor frecuencia el cuero cabelludo, los codos, las rodillas y la región sacra.

Es una enfermedad multifactorial, es decir, que existe predisposición genética en las personas que la padecen, pero también suele verse afectada por factores desencadenantes como el estrés, los traumatismos o las infecciones. Además, los síntomas pueden manifestarse de forma lenta o repentina, e incluso desaparecer durante un período de tiempo.

Aunque parte de la fisiopatología de esta enfermedad todavía se desconoce, sí se ha observado que entraña una activación anómala de los linfocitos T. Ello da lugar a una hiperproliferación de las células de la última capa de la piel, los queranocitos: crecen mucho más rápido de lo habitual y se acumulan en la capa córnea, la más externa de la epidermis, originando un engrosamiento de la piel y las conocidas placas psoriásicas. La aceleración del proceso de renovación de la piel hace que el recambio celular dure solo entre tres y cuatro días, cuando, en una epidermis sana, tarda unos 28 días.

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