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1 de Julio de 2019
Exploración espacial

Todo el mundo es bienvenido

Entrevista con Johann-Dietrich Wörner, director general de la Agencia Espacial Europea, sobre el Proyecto de la Aldea Lunar.

La Aldea Lunar aspira a albergar actividades científicas y comerciales de múltiples países y empresas. [P. CARRIL, AGENCIA ESPACIAL EUROPEA]

Sin la Guerra Fría, la misión Apolo 11 jamás habría tenido lugar. La necesidad de derrotar a la URSS y de proclamar la superioridad tecnológica de EE.UU. hizo que, en 1966, en el apogeo de la carrera espacial, la NASA se llevase el 4,5 por ciento del presupuesto nacional estadounidense. Sin embargo, después del primer alunizaje, la agencia nunca volvió a recibir más del 2 por ciento, una cantidad que desde 2010 se ha visto reducida al 0,5 por ciento anual.

Hoy, el prestigio nacional no es un incentivo suficiente para que un país acometa por sí solo la exploración del espacio. Si la humanidad quiere volver a viajar a otro cuerpo planetario, tendrá que hacerlo unida. Quien quizás haya expresado esta idea con mayor vehemencia es Johann-Dietrich Wörner, el director general de la Agencia Espacial Europea (ESA). En 2015, Wörner presentó su idea de la «Aldea Lunar»: una especie de campamento universal en la superficie del satélite en el que cualquier país, empresa, universidad, organización sin ánimo de lucro o individuo estaría invitado a participar, ya fuera enviando personas, robots o emprendiendo actividades comerciales. Para demostrar su buena fe internacional y colaborativa, el proyecto no está coordinado por la ESA, sino por una organización no gubernamental con sede en Viena llamada Asociación de la Aldea Lunar, abierta a la adhesión de nuevos grupos e individuos. En esta entrevista, Wörner habla sobre los objetivos del proyecto, sobre el debate entre la Luna o Marte y sobre por qué ahora es el momento idóneo para ir.

 

Hábleme de sus planes para volver a la Luna.
No queremos volver a la Luna.

¿A qué se refiere?
Queremos avanzar hacia la Luna. Es distinto. No queremos una carrera espacial por cuestiones de prestigio. La Luna es el lugar perfecto para colaborar de verdad a escala global. En el pasado, las actividades espaciales se llevaron a cabo de manera directa por parte de las agencias, como las misiones del programa Apolo. Ahora estamos desarrollando proyectos similares en la ESA. Pero también tenemos otros en los que actuamos como intermediarios, propiciadores o facilitadores. En eso consiste la Aldea Lunar.

La Aldea Lunar es un concepto abierto y multicolaborativo. Todas las palabras de esta frase son importantes. Con «multicolaborativo» me refiero a que pueden adherirse tantos socios como quieran. «Abierto» significa que no existe ningún requisito especial para formar parte de él. Y se trata de un «concepto», no de un único proyecto. Los distintos socios deberían definir qué desean aportar, ya sea transporte, minería, turismo, ciencia o desarrollo de tecnología para uso de recursos in situ, como emplear el agua del satélite para producir combustible. Está totalmente abierto a todo tipo de propósitos.

¿Considera que la Aldea Lunar forma parte del legado del Apolo o es un intento deliberado de apartarse?

El programa Apolo se desarrolló en un ambiente muy distinto. Lo que lo impulsó en aquel entones fue la competición. El proyecto actual, en cambio, creo que lo propicia la cooperación. Pero, desde luego, es posible que sin el Apolo ni siquiera nos lo hubiéramos planteado.

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