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1 de Julio de 2019
Exploración espacial

Un pequeño paso atrás en el tiempo

Las huellas de una hazaña insólita medio siglo después.

Huella de Buzz Aldrin sobre la superficie lunar. [GETTY IMAGES]

Neil Armstrong estimaba en un 50 por ciento la probabilidad de éxito. «Había demasiadas incógnitas», confesaba en una entrevista concedida en 2011 por el primer hombre que pisó la Luna. «Había muchas posibilidades de que nos encontráramos con algo que no entendiésemos del todo y tuviéramos que abortar la misión y regresar a casa sin alunizar.» Que hace medio siglo él, Buzz Aldrin y Michael Collins —con la ayuda de los miles de ingenieros, científicos y controladores de misión de la NASA— lograsen alunizar continúa siendo una de las proezas más increíbles de la humanidad.

Un mes de julio de 1969, un cohete Saturno V de 36 pisos de altura y con un peso equivalente al de 500 elefantes despegó impulsado por una explosión que superaba la potencia de salida de 85 grandes presas. Una vez en el espacio, los astronautas abandonaron la órbita terrestre, pusieron rumbo a la Luna y, una vez en órbita en torno al satélite, desacoplaron el módulo lunar y lo posaron en la superficie. Tal vez más impresionante aún, tras la exploración Armstrong y Aldrin volvieron a subir al módulo, despegaron desde el suelo de otro mundo (otra hazaña sin precedentes) y se reunieron con el módulo de mando que esperaba a unos 100 kilómetros de altitud. Tres días después, regresaban a la Tierra y amerizaban a salvo en el océano Pacífico.

Tras semejante proeza fueron muchos quienes imaginaron que las colonias en la Luna y las vacaciones en Marte estaban a la vuelta de la esquina. Sin embargo, nadie ha vuelto a pisar el satélite desde que en 1972 lo hiciera el último astronauta del programa Apolo, y hoy los planes para enviar misiones tripuladas a Marte o a cualquier otro lugar del sistema solar apenas están más definidos de lo que lo estaban entonces.

Con todo, el quincuagésimo aniversario de la misión Apolo 11 nos recuerda que un objetivo tan disparatadamente ambicioso es viable, como ya quedó demostrado en una época en la que los ordenadores ocupaban habitaciones enteras, Estados Unidos perdía la guerra de Vietnam, las mujeres exigían igualdad en las calles y los afroamericanos luchaban para ser tratados como seres humanos de pleno derecho. El programa Apolo no fue la encarnación de ninguna época dorada, sino la demostración de que incluso en tiempos sombríos pueden conseguirse grandes cosas. Hoy tal vez nos vendría bien soñar de nuevo con la Luna, tanto si volvemos a ella como si no.

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