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1 de Julio de 2019
Microbiología

Vida en el Mar Muerto

Vestigios de vida bacteriana en los sedimentos de este lago aportarían pistas sobre la posible vida extinta en Marte.

Nuevos datos indican que los sedimentos del Mar Muerto albergaron en el pasado vida bacteriana. [GETTY IMAGES]

El Mar Muerto no está del todo muerto. Sin duda es uno de los ecosistemas más hostiles del planeta, con una salinidad tan elevada que los turistas flotan sin esfuerzo en la salmuera que son sus aguas. Desprovisto de todo rastro de vegetación, peces o cualquier otra forma visible de vida, resulta excusable que los bañistas crean que nada pulula en sus profundidades. Pero hace tiempo que se sabe que en las aguas del lago habitan unos microorganismos unicelulares llamados arqueas que han llevado a muchos a preguntarse si otros seres sencillos podrían sobrevivir también en sus sedimentos pese a la ausencia de oxígeno, luz y nutrientes.

Camille Thomas, geomicrobiólogo de la Universidad de Ginebra, y sus colaboradores han desenterrado fósiles moleculares en sedimentos del Mar Muerto que indican que en él habrían vivido bacterias en tiempos relativamente recientes, hace unos 12.000 años. Es la primera vez que se descubre una forma de vida distinta de las arqueas en este ecosistema, lo cual indica que ese tipo de vida podría existir (o haber existido) en otras zonas similares de la Tierra y en algún lugar del sistema solar, como Marte. Los resultados se publicaron en Geology el pasado marzo.

Thomas y su equipo formaron parte de una iniciativa internacional que en 2010 perforó hasta 430 metros por debajo del lecho del lago, una oportunidad sin precedentes para conocer mejor el clima pasado. Después de años dedicados a analizar las muestras, el equipo descubrió arqueas enterradas en el sedimento. Esto demuestra que pueden sobrevivir en el lago y en el sedimento del fondo, donde las condiciones son más adversas, si cabe. Pero Thomas consideraba improbable que allí pudiera vivir nada más, aparte de las arqueas: «Pensaba que era un ambiente extremo, solo apto para “tipos duros”».

Sin embargo, el último hallazgo del equipo refuta esa idea. Thomas y sus colaboradores analizaron capas de yeso (un mineral que se forma al evaporarse el agua salada) depositadas hace unos 120.000 años, de lo que se deduce que el lago arcaico era tan hostil como el actual. Sepultados en esas capas descubrieron ésteres de cera, unas moléculas ricas en energía que los microorganismos sintetizan y almacenan cuando el alimento escasea. Como las arqueas no producen esas moléculas y es muy improbable que los organismos pluricelulares sobrevivan en semejantes condiciones, el equipo llegó a la conclusión de que sus artífices debieron de ser bacterias coetáneas.

¿Pero cómo sobrevivían? Los ésteres de cera portaban vestigios de membranas celulares de arqueas, por lo que los investigadores piensan que dichas bacterias se alimentaban de restos de aquellas. Ese mecanismo de supervivencia explicaría cómo lograban crecer en unas condiciones aparentemente tan hostiles. «Si bien sabemos que la biomasa microbiana alberga una diversidad inmensa, siempre es interesante ver qué estrategias adoptan esas comunidades para sobrevivir en entornos diferentes», afirma Yuki Weber, bioquímico de la Universidad Harvard, ajeno al estudio. «Nos queda mucho por saber sobre el metabolismo microbiano.»

Además, Thomas y sus colaboradores hallaron indicios interesantes de que el ecosistema del Mar Muerto podría acoger vida bacteriana incluso hoy. Justo después de abrir un vial grande lleno de sedimentos actuales percibieron un olor a huevos podridos, un signo revelador de la presencia de sulfuro de hidrógeno, producido a menudo por bacterias. No obstante, este gas también puede tener un origen abiótico, como la actividad geotérmica (por la que lugares como el Parque Nacional de Yellowstone son famosos), de modo que los investigadores no están seguros de que bajo el lago salado habiten todavía bacterias.

Aunque no sea así, es muy probable que en condiciones similares de la vasta biosfera subterránea del planeta vivan bacterias, razona Weber. A medida que los expertos sigan escrutando los ambientes extremos en los que la vida se abre paso, mejorarán nuestros conocimientos de cómo y dónde surge en la Tierra y en otros planetas, afirma.

Tomemos como ejemplo Marte. En 2011, el robot explorador Opportunity de la NASA encontró yeso, el mismo mineral hallado por Thomas en los sedimentos del Mar Muerto. Su presencia indica que, conforme el planeta rojo se calentó, sus mares y lagos se evaporaron. Antes de desaparecer, tales masas de agua probablemente se parecieron mucho al Mar Muerto, quizá incluso en lo que concierne a los procesos biológicos, afirma Tomaso Bontognali, del Instituto de Exploración Espacial de Suiza, ajeno al estudio del Mar Muerto. Bontognali trabaja en el vehículo de exploración ExoMars, de la Agencia Espacial Europea, que está previsto que en 2021 se pose en un antiguo lecho marino de Marte. Allí analizará testigos de sedimento con una versión simplificada del método usado por el equipo de Thomas. Las pruebas del Mar Muerto «hacen más factible la hipótesis de que Marte albergara vida en el pasado», asegura Bontognali.

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