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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 1997Nº 245

Meteorología

Polvo atmosférico y lluvia ácida

Las emisiones de contaminantes ácidos hacia la atmósfera han decrecido de forma espectacular. ¿Por qué, entonces, la lluvia ácida sigue constituyendo un problema? El polvo atmosférico puede encerrar parte de la respuesta.
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Alo largo de los últimos decenios, la ciencia se ha venido ocupando de la lluvia ácida y su incidencia en el ambiente. Conforme quedaron patentes las consecuencias desastrosas de los contaminantes ácidos, los gobiernos de Norteamérica y Europa se aprestaron a legislar sobre las emisiones de tales compuestos. En los países de la Unión Europea entraron en vigor diversas leyes que regulan las emisiones de dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno; la Ley del Aire Limpio impuso normas similares en los Estados Unidos. Los responsables de la política ambiental esperaban que esas reducciones regeneraran los bosques, lagos y ríos de muchas regiones. En diversos aspectos, la cuestión parecía resuelta.
Pero el problema de la lluvia ácida no ha desaparecido. ¿Por qué sigue siendo ácida la lluvia que cae sobre ciertas partes de Europa y Nor­te­américa, pese a un control más riguroso de la contaminación? ¿Por qué algunos ecosistemas naturales --en particular los bosques-- muestran niveles de daño, infligido por lluvia ácida, superiores a los que habían previsto los expertos?

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