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  • Enero 2019Nº 508

Biogeografía

Las fronteras de la vida

Los cambios climáticos de ayer y de hoy, los movimientos tectónicos y las cadenas montañosas explican las diferencias en la distribución de las especies en la Tierra.

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Los naturalistas siempre han sabido que las especies animales y vegetales no se distribuyen homogéneamente en la Tierra: si queremos ver leones probablemente viajaremos a África, mientras que para observar canguros y koalas tendremos que ir a Australia. Hace más de un siglo el naturalista británico Alfred Russel Wallace utilizó el conocimiento de la época sobre la distribución de los mamíferos y de las aves para tratar de describir las diferencias en la fauna entre las distintas zonas del mundo. Enardecido defensor de la teoría de la evolución junto con Charles Darwin, Wallace sigue siendo considerado el padre de la biogeografía, la ciencia que estudia la distribución de los organismos. Después de viajar durante mucho tiempo por Asia y Oceanía, Wallace se dio cuenta de que una frontera biogeográfica separaba a Australia, habitada en su mayor parte por marsupiales como los canguros y los koalas, del archipiélago indonesio, habitado por mamíferos parecidos a los que viven en el resto de Asia.

La frontera biogeográfica entre Australia y Asia no es la única que existe en el mundo. Wallace advirtió que la fauna norteamericana era muy diferente de la que vivía al sur de México, o que la fauna de la India e Indonesia tenía poco que ver con la del resto de Asia. Estas observaciones le permitieron dividir el mundo en seis regiones biogeográficas principales (también llamadas reinos), cada una de las cuales albergaba una fauna exclusiva y combinaciones de especies que no se observan en otros lugares. Las bautizó como región paleártica (Europa y parte de Asia), neoártica (América del Norte), neotropical (América del Sur y Central), etíope (la mayor parte de África), oriental (Asia sudoriental) y australiana. Estas macrorregiones corresponden solo en parte a los continentes y pueden dividirse en un cierto número de subregiones.

Más de un siglo después de los primeros mapas publicados por Wallace, las investigaciones biogeográficas siguen activas. El naturalista se vio obligado a diseñar los mapas a partir de información incompleta sobre la distribución de un cierto número de especies de mamíferos y aves. Sin embargo, desde hace algunos años están publicándose datos cada vez más precisos sobre un número cada vez mayor de especies. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha publicado mapas de la distribución de 28.000 especies de anfibios, mamíferos, reptiles y aves, que pueden consultarse libremente. Los datos de distribución, cada vez más precisos, se analizan con complejas técnicas estadísticas que permiten procesar rápidamente los datos de miles de especies, considerando también la distancia evolutiva entre ellas.

Con la ayuda de esas técnicas, entre 2012 y 2013 dos grupos de investigación publicaron de manera independiente nuevos mapas biogeográficos del mundo y propusieron una regionalización basada en el análisis de datos de distribución de miles de especies. Los resultados de estos análisis se parecen asombrosamente a los que Wallace obtuvo sin los métodos cuantitativos y confirman el genio del gran naturalista. Sin embargo, los nuevos mapas biogeográficos tienen una resolución y precisión sin precedentes, y permiten medir las relaciones y la tasa de divergencia entre las diversas zonas. Las seis macrorregiones de Wallace pueden dividirse en once regiones, y estas, a su vez, en veinte subregiones. La divergencia entre macrorregiones es mayor que entre regiones, y estas, por su parte, son más diferentes entre sí que las subregiones. Imaginemos que viajamos desde el África subsahariana hasta el África central. En el camino observaremos diferencias de fauna relativamente pequeñas: en ambas zonas hay mamíferos, como el cerdo hormiguero, u oricteropo, y muchas especies de primates, y todo el continente africano al sur del Sáhara comparte los mismos grupos de anfibios. Pero si nos desplazamos hacia el norte de África, apreciaremos que las diferencias son más acusadas, y lo son aún más entre el norte de África y Europa.

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