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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2001Nº 295

Genética

El cromosoma de la masculinidad

Los cromosomas X e Y de los humanos forman una extraña pareja. El X se parece a cualquier otro cromosoma, pero el Y resulta bastante peculiar. ¿Qué evolución han seguido?

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Los cromosomas que determinan el sexo —X e Y— constituyen una pareja extravagante. Los 22 cromosomas restantes de nuestras células tienen tan idénticas sus parejas correspondientes, que parecen estructuras gemelares. De cada par, un cromosoma procede de la madre y otro del padre; en condiciones normales los dos tienen, sin embargo, el mismo tamaño y llevan los mismos genes. (Los genes son los planos de ADN sobre las proteínas, encargadas de realizar la mayor parte del trabajo del organismo.) Por eso resulta llamativo el contraste entre el Y y el X. El cromosoma Y es mucho menor que el X; en realidad es muy canijo. Aloja unas docenas de genes, frente a los 2000 o 3000 que encontramos en el X. Algunos de los genes del cromosoma Y carecen del acostumbrado correspondiente en el X. Por si fuera poco, está cargado de ADN "morralla", secuencias de nucleótidos que no encierran instrucciones para la síntesis de moléculas útiles.

Hasta hace poco, los biólogos se veían incapaces de explicar los mecanismos que le habían conducido a semejante estado de penuria. Algunas teorías había, pero no sabían cómo someterlas a contrastación. La situación ha dado un giro copernicano, gracias en buena medida al Proyecto Genoma Humano y otros esfuerzos parecidos encaminados a descifrar la secuencia completa de los nucleótidos de ADN en los 24 cromosomas del ser humano: X, Y y los 22 autosomas (los cromosomas no involucrados en la determinación del sexo). A la manera en que los paleontólogos trazan la evolución seguida por una especie apoyados en el estudio de los esqueletos de los animales actuales y de los fósiles, los biólogos moleculares recorren la evolución de cromosomas y genes mediante las huellas dejadas en las secuencias de ADN.

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