Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2001Nº 295

Informe especial La protección del agua

Ecología

La importancia de cada molécula

Con ella satisfacemos la sed, generamos electricidad y regamos los campos. Pero estamos estirando las reservas hasta un punto sin retorno. ¿Habrá agua suficiente para todo y para todos?
Menear
La historia de la civilización humana se entrelaza con la historia del aprovechamiento inteligente de los recursos hídricos. Los primeros grupos que practicaron la agricultura vivían donde las lluvias seguras y los ríos permanentes facilitaban el cultivo. Bastaron unos canales de riego elementales para obtener cosechas mayores y temporadas de cultivo más largas en zonas secas. Hace cinco mil años se construyeron asentamientos en el valle del Indo con conducciones de agua y zanjas de avenamiento para las aguas residuales. Atenas y Pompeya, como la mayoría de las ciudades grecorromanas de la antigüedad clásica, contaban con elaborados sistemas de abastecimiento y desagüe.
A medida que los núcleos de población fueron expandiéndose hubo que traer el agua de fuentes cada vez más lejanas e hicieron falta presas, acueductos y otras depuradas obras de ingeniería. Cuando el Imperio Romano estaba en todo su esplendor, nueve grandes sistemas, con una disposición innovadora de conducciones y albañales perfectamente construidos, aportaban a los habitantes de la Urbe tanta agua por persona como la que se recibe hoy en muchas partes del mundo industrializado.

Puede conseguir el artículo en: