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1 de Octubre de 1996
Astronomía

La dinamo estelar

Los ciclos de manchas que se observan en las estrellas, similares a los del Sol, ayudan a entender las variaciones que éste sufre y sus efectos sobre la Tierra.

Reflexionando sobre los caprichos del clima inglés, el astrónomo William Herschel observó en 1801 que había una correlación entre el precio del trigo y la desaparición de las manchas solares. Pero ese vínculo pronto se esfumó y pasó a ser parte de lo que para casi todos los científicos no era sino un mito: que los sucesos terrenales y los solares estuviesen ligados. Que el brillo del Sol variase y ello afectara al clima seguía siendo sólo una conjetura.
Cuando, a mediados de los años ochenta, tres satélites solares --Misión del máximo solar, Nimbo 7 y Cuantía de radiación terrestre-- detectaron que la luminosidad del astro disminuía, se supuso que los tres fallaban. Pero sus lecturas se avivaron luego al unísono, lo que no podía atribuirse a mera coincidencia. El Sol se enfriaba y recalentaba; la variación estaba, además, relacionada con el número de manchas en la superficie.

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