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  • Octubre 1996Nº 241

Tendencias en medicina

La obesidad

Una costosa epidemia de obesidad se va extendiendo por el mundo industrializado. Pero empezamos a conocer ya las raíces biológicas de esta compleja enfermedad, lo que afianza la esperanza de poder prevenir los riesgos que comporta.

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Desde siempre, un aspecto orondo se ha considerado signo de salud y prosperidad. O se consideraba. Las cosas han cambiado tanto, que la corpulencia se ha convertido ahora en amenaza creciente para la salud de quienes viven en las naciones más ricas. En algún caso, por ejemplo en los Estados Unidos, más de la mitad de la población adulta cae dentro de la definición actual de obesidad clínica, cifra que introduce la enfermedad en la categoría de epidemia. Según cálculos a la baja realizados por expertos de la Universidad de Harvard, el tratamiento de la obesidad y la diabetes, las enfermedades del corazón, la hipertensión y la litiasis biliar costaron, ya en 1990, 45.800 millones de dólares. A ese monto, correspondiente al último año estudiado, habría que añadir 23.000 millones más debidos al absentismo laboral. Demos más números: ese mismo año, una comisión del Congreso calculó que los estadounidenses habían gastado unos 33.000 millones de dólares en productos adelgazantes, pese a lo cual unos 300.000 ciudadanos dieron prematuramente con sus huesos en la tumba por culpa de comer en exceso y de no hacer ejercicio.

El problema es grave. Las soluciones rápidas y fáciles —dietas líquidas, grupos de apoyo, acupresión, "palillos aromáticos" supresores del apetito e incluso los buenos propósitos de frugalidad y ejercicio— han fracasado en pruebas controladas para reducir el peso de las personas obesas en algo que represente al menos un 10 por ciento durante cinco años; cuantía que resaltamos porque se ha demostrado que tal pérdida aumenta notablemente la esperanza de vida.

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