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1 de Octubre de 1996
Física

Velocidades superlumínicas y causalidad

La teoría einsteiniana de la relatividad prohíbe que las partículas o las ondas se propaguen con velocidad superior a la de la luz en el vacío. La mecánica cuántica admite, en cambio, ese fenómeno.
Uno de los corolarios más conocidos, y más importantes también, de las leyes del electromagnetismo, resumidas por James C. Maxwell en famosas ecuaciones, es la predicción de la existencia de ondas electromagnéticas que se propagan con velocidad constante en el vacío. Esta velocidad, c, no depende ni de la intensidad, ni de la frecuencia de las ondas; tampoco, por consiguiente, de su longitud de onda, que es razón entre la velocidad y la frecuencia.
Resulta, además, que dicha velocidad constante en el vacío es igual a la de propagación de la luz. Ole Romer dio ya un valor de ésta en 1676. El astrónomo danés vio en el Observatorio Real de París que el tiempo transcurrido entre eclipses de las lunas de Júpiter por el planeta se acortaba conforme la Tierra se acercaba a Júpiter, intervalo que se alargaba a medida que ambos planetas se alejaban entre sí. Romer atribuyó ese fenómeno al tiempo que la luz necesitaba para recorrer la distancia entre Júpiter y la Tierra. De acuerdo con sus observaciones, concluyó, la luz se propagaba a una velocidad de 225.000 kilómetros por segundo.

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