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Ingeniería aeroespacial

La misión Ulises

La primera sonda espacial que sigue una trayectoria "polar" realiza descubrimientos sorprendentes en su vuelta alrededor del Sol.

Aunque los exploradores llevaban 500 años viajando alrededor del mundo, hubo que esperar al siglo xx para que unos pocos intrépidos recorrieran los inmensos parajes, helados, del Artico y el Antártico, camino de ambos polos. Es curioso que la exploración del sistema solar haya seguido una historia paralela. En estos últimos cuarenta años las sondas científicas enviadas al espacio se han separado poco del plano ecuatorial del Sol, donde describen sus órbitas la Tierra y los planetas. Pero no hace mucho la sonda Ulises se aventuró más allá de esa angosta zona y se adentró en las "regiones polares" del espacio interplanetario.
Las razones que explican esa tardanza se esconden detrás de los caprichos de la investigación espacial, sin nada que ver con una falta de atención. Los astrónomos no habían dejado de soñar en un viaje como éste. Desde hace años se sabe que el Sol está rodeado de una atmósfera externa diáfana (la corona solar) que se extiende más allá de la órbita de la Tierra; también, que los gases de las colas de los cometas apuntan siempre en dirección opuesta al Sol porque una rápida corriente que fluye hacia fuera de la corona, el viento solar, las arrastra. Pero es muy reciente nuestro conocimiento del modo en que el material que emana del entorno de los polos solares atraviesa la inmensidad interplanetaria.

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