Dedo fantasma

Una extraña ilusión señala a la filosofía y la robótica

[Thomas Fuchs]

El cerebro contiene un mapa del cuerpo que habita, con neuronas especializadas en la percepción o el control de ciertas partes. Las investigaciones apuntan a que podría haber bastante margen de acción en esa representación. En 2016 se ideó un experimento en el que los participantes percibían fugazmente un sexto dedo en la mano (uno de ellos gritó: «¡Brujería!») y cuatro años más tarde otro grupo de investigación logró que esa sensación se prolongase de forma indefinida. Ahora, en su último trabajo, publicado en Cognition, este segundo grupo se ha superado al hacer que los participantes sintiesen el dedo supernumerario al tiempo que controlaban la longitud percibida de ese dedo. 

Para experimentar la ilusión mental, el probando colocaba las manos sobre una mesa con un espejo vertical situado entre ellas y orientado de tal modo que el reflejo de la mano derecha se proyectaba donde debiera estar la izquierda. Comenzando por el pulgar, los experimentadores acariciaban por turnos la punta de cada dedo dos veces, simultáneamente en ambas manos. Cuando llegó el turno de los meñiques, acariciaron la punta de ambos y también la parte interior del meñique izquierdo. Por último, hicieron 20 caricias dobles sobre la mesa junto al meñique derecho al tiempo que acariciaban el lado externo del meñique izquierdo, creando así la sensación de un sexto dedo invisible en la mano izquierda, según los testimonios. 

«Francamente da miedo», afirma Denise Cadete, estudiante de posgrado de neurociencias en el Colegio Birkbeck, de la Universidad de Londres, y autora principal del nuevo artículo. «Aunque entendamos todo lo que está sucediendo, la ilusión no se desvanece, así que es una sensación muy sorprendente.» 

En el estudio más reciente del grupo, las caricias en la mesa tenían a veces la mitad o el doble de largo que un meñique corriente. Veinte participantes diestros usaron una regla deslizante para indicar la longitud del dedo fantasma que percibían; en promedio era 1,5 centímetros más corto o tres centímetros más largo que su meñique. Tales diferencias indican que el dedo fantasma no era percibido meramente como un segundo meñique, sino como otro miembro con entidad propia. 

Cadete explica que, aparte de las intrigantes implicaciones filosóficas en relación con la conciencia de uno mismo, la investigación podría ser útil para las personas con extremidades robóticas. Cree que un apéndice mecánico podría infundir la sensación a una parte cercana del cuerpo a través de esas ilusiones mentales, incluso en el caso de extremidades dotadas de características complejas, como una «navaja suiza». 

El experimento está bien ejecutado, según Etienne Burdet, experto en robótica del Colegio Imperial de Londres ajeno a la investigación que ha estudiado las habilidades manuales de las personas nacidas con polidactilia. En futuros estudios se podrá investigar si el fenómeno es reproducible fuera del meñique supernumerario; Burdet afirma que, si quisiera fundar una empresa fabricante de prótesis robóticas, «comenzaría por el brazo».

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