La Gran Mancha Roja de Júpiter en el laboratorio

Recientes experimentos y simulaciones indican que la descomunal tormenta del planeta gigante es un «vórtice flotante» como los que se han observado en las profundidades de los océanos terrestres.

[NASA, ESA, A. SIMON (CENTRO DE VUELOS ESPACIALES GODDARD), M. H. WONG (UNIVERSIDAD DE CALIFORNIA EN BERKELEY) Y EQUIPO DE OPAL]

En síntesis

La Gran Mancha Roja de Júpiter es un anticiclón de un tamaño y una longevidad excepcionales, cuya estructura y dinámica aún no se conocen de forma precisa.

Los experimentos de laboratorio y las simulaciones respaldan la idea de que se trata de un vórtice flotante, como los que se forman en las profundidades de los océanos terrestres.

En los próximos años, los datos de la sonda Juno arrojarán luz sobre la estructura tridimensional del asombroso fenómeno atmosférico y permitirán poner a prueba esa teoría.

Con unos vientos que pueden superar los 300 kilómetros por hora y una vida media de unos diez días, los ciclones son uno de los fenómenos más impresionantes de la atmósfera terrestre. Sin embargo, no pueden compararse con los vórtices observados en Júpiter. El más famoso de ellos, la Gran Mancha Roja, se desató hace al menos trescientos cincuenta años.

Gracias a los avances en las técnicas de observación de la época, Robert Hooke, en 1665, y Jean-Dominique Cassini, al año siguiente, fueron los primeros en mencionar la presencia de un enorme remolino en el hemisferio sur del planeta gigante. A partir del siglo xx, las observaciones se multiplicaron gracias a los instrumentos terrestres, el telescopio espacial Hubble y las sondas espaciales (Pioneer 10 y 11, en 1973 y 1974; Voyager 1 y 2, en 1979; Galileo, de 1995 a 2003; y Juno, desde 2016). Los datos han revelado las espectaculares características de la Gran Mancha Roja: su contorno elíptico, que en 2015 medía 15.000 kilómetros de largo por 12.000 de ancho, podría contener al menos una Tierra entera. Y en su interior los vientos soplan a casi 680 kilómetros por hora.

Pero, hasta la fecha, ningún modelo ha explicado de forma satisfactoria cómo puede formarse una tormenta gigante así y persistir durante tanto tiempo en un entorno muy turbulento.

La atmósfera joviana, compuesta principalmente de hidrógeno y helio, presenta varias capas de nubes de amoníaco (NH3), sulfuro de hidrógeno (H2S) e hidrosulfuro de amonio (NH4SH). Los cristales de hielo y ciertas moléculas cromóforas, presumiblemente relacionadas con el azufre y el fósforo, tiñen las nubes de distintos colores en función de factores locales como la temperatura.

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