El corazón, glándula endocrina

Las aurículas segregan una hormona recientemente descubierta, el factor natriurético auricular, que interactúa con otras hormonas para modular el control de la presión y el volumen sanguíneos.

El corazón es una bomba: un órgano muscular que se contrae rítmicamente; envía la sangre hacia los pulmones, para su oxigenación, y luego hacia el sistema vascular, para aportar oxígeno y nutrientes a todas las células del organismo. Se conoce ese hecho desde la publicación, en 1628, del Ensayo sobre el movimiento del corazón y la sangre en los animales, de William Harvey.

En los últimos años se ha descubierto que el corazón es algo más que eso: es también una glándula endocrina. Segrega una potente hormona peptídica, el factor natriurético auricular (FNA), a la que corresponde un importante papel en la regulación de la presión y el volumen sanguíneos y en la excreción de agua, sodio y potasio. El alcance de sus efectos es amplio: afecta a los propios vasos sanguíneos, a los riñones y las glándulas suprarrenales y a un gran número de regiones reguladoras del cerebro.

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