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Marte, un planeta singular

La actuación conjunta de agua, hielo y viento ha esculpido el paisaje del planeta rojo, a lo largo de miles de millones de años. Aunque los procesos que intervinieron en su conformación comparten características con los que operan en la superficie.

El lector tardaría aproximadamente cinco minutos en recorrer la zona mostrada en esta imagen, que pertenece al sector septentrional del cráter Newton, en el hemisferio meridional de Marte. Dejaría sus huellas en el suelo ligeramente helado (zonas brillantes), treparía sobre dunas de arena y otros accidentes levantados por el viento y saltaría sobre hondonadas y otros accidentes excavados por el agua. Tales estructuras probablemente sigan generándose en la actualidad. Al igual que otras imágenes de la sonda Mars Global Surveyor, esta es una composición de una escala de grises de alta resolución y color de baja resolución; los colores solo son aproximados.

En síntesis

Las misiones Mars Global Surveyor y Mars Odissey están suscitando cuestiones de difícil respuesta sobre el planeta rojo. La actuación conjunta de agua, hielo y viento ha esculpido el paisaje, a lo largo de miles de millones de años. Los procesos comparten aspectos de los que operan en la superficie de la Tierra, aunque divergen en otros. No es raro, pues, que la experiencia adquirida en esta última confunda a los que investigan el suelo marciano.

La cuestión de si Marte fue alguna vez habitable aparece hoy más obscura que nunca. Las sondas espaciales han reunido pruebas en pro y en contra de tal posibilidad. Las misiones preparadas podrían resultar decisivas para dirimir la cuestión.

El capitán John Carter, héroe de las novelas de aventuras de Edgar Rice Burroughs, era un caballero de Virginia y oficial de la Confederación. Al quedar arruinado tras la Guerra Civil, marchó en busca de oro hacia Arizona y, cuando era perseguido por guerreros apaches, cayó y se golpeó la cabeza. Recuperó el conocimiento en un planeta árido con lunas gemelas, poblado por criaturas de seis patas y bellas princesas que denominaban «Barsoom» al lugar. El paisaje guardaba un asombroso parecido con el sur de Arizona. No era muy distinto de la Tierra, solo más viejo y degradado. «La suya es una dura y cruenta lucha por la existencia en un planeta moribundo», escribió Burroughs en su primera novela.

Lo mismo en los textos disciplinares que en los relatos de fantasía científica, se aborda Marte como una versión de la Tierra en condiciones extremas: menor, más frío y más seco, pero esculpido básicamente por los mismos procesos. Incluso bien avanzado el siglo xx, se creía que en el planeta había cursos de agua y vegetación. La semejanza con la Tierra quedó descartada a finales de los años sesenta, cuando una sonda espacial reveló un mundo árido y salpicado de cráteres, afín a la Luna. Pero con los posteriores descubrimientos de montañas gigantescas, cañones profundos y complejas condiciones meteorológicas se volvió al planteamiento anterior. Las imágenes de la superficie tomadas por las sondas Viking y Mars Pathfinder ofrecían un notable paralelismo con la Tierra. Como Burroughs, los investigadores comparan las regiones ecuatoriales de Marte con el sudoeste norteamericano. Para las regiones polares, se recurre a otro modelo: los Valles Secos de la Antártida, un desierto helado en un paisaje de hielo infinito.

Pero si los investigadores han aprendido algo de las recientes exploraciones de Marte, es que hay que andar con tiento a la hora de establecer comparaciones de ese tenor. En los últimos cinco años, las sondas espaciales han recogido más información sobre el plane­ta rojo que en todas las misiones anteriores juntas. Se ha demostrado que Marte es un planeta muy diferente y más complicado de lo que se venía suponiendo. Inclu­so la cuestión crucial —¿fue Marte alguna vez cálido y húmedo, capaz quizá de albergar la evolución de la vida?— presenta una gama de matices mayor que la imaginada. Para comprender a Marte, es preciso liberarse de la perspectiva terrestre; se trata de un lugar exclusivo.

Marte es la morada del polvo

La exploración de Marte ha conocido altibajos. En  los últimos diez años, la NASA ha perdido tres sondas: Mars Observer, Mars Climate Orbiter (prevista como una sustitución parcial de Mars Observer) y Mars Polar Lander. No obstante, el programa ha cosechado también éxitos recientes. Desde 1997, sin interrupción, la sonda Mars Global Surveyor ha venido tomando fotografías, registrando espectros de infrarrojos y recogiendo otros datos. Se ha convertido ahora en la matriarca de una familia entera de sondas espaciales destinadas a Marte. Por su parte, la sonda Mars Odissey ha estado girando en órbita alrededor del planeta durante más de un año, cartografiando el contenido de agua del subsuelo y tomando fotografías infrarrojas de la superficie. Acaban de salir hacia Marte dos robots todoterreno, sucesores del famoso Sojourner del Mars Pathfinder. A cargo de la Agencia Espacial Europea corre la sonda orbital Mars Express, con su módulo de aterrizaje Beagle 2. Al mismo tiempo que esta, en diciembre, debería llegar a Marte la sonda orbital Nozomi, perteneciente al Instituto Japonés del Espacio y Ciencia Astronáutica, pero no está claro que llegue a superar los problemas que padece.

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