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1 de Diciembre de 2015
SOCIOLOGÍA

Ciencia para reducir el crimen

Siguiendo la experiencia de Colombia, dirigentes urbanos de toda América recurren a la ciencia para disminuir las tasas de homicidios.

MARIO WAGNER

En síntesis

Aplicar métodos epidemiológicos en el análisis de datos puede revelar las raíces de la violencia y los mejores pasos para refrenarla. En la ciudad de Cali, la estrategia redujo los homicidios de 124 por 100.000 habitantes a 86 en solo tres años. En Bogotá, la tasa cayó de 80 a 20 en nueve años.

Los cambios en las normativas sobre el uso de armas y la venta de alcohol resultaron cruciales. También el aumento de la presencia policial y la promoción de actividades sociales y puestos de trabajo para los jóvenes.

Hoy, numerosas ciudades americanas celebran con regularidad reuniones de todos los organismos que combaten la delincuencia, con el fin de analizar datos, planificar intervenciones y evaluarlas.

La violencia es un gran problema en la sociedad moderna, sobre todo en las ciudades. Los homicidios estaban fuera de control en mi ciudad, la colombiana Cali, cuando fui elegido su alcalde, en 1992. Pocos veían el asesinato como un problema urgente de salud. Mi opinión era otra, tal vez porque me había doctorado en epidemiología en la Escuela de Salud Pública de Harvard. Para dar con el porqué de los homicidios y descubrir qué cambios sociales y políticos podrían mejorar las cosas, decidí aplicar los métodos estadísticos de los expertos en salud pública.

Cuando empecé mi primer mandato, la gente de Cali y de toda Colombia solía creer, erróneamente, que poco se podía hacer porque nosotros, los colombianos, éramos «genéticamente violentos». Otros escépticos sostenían que el crimen violento no disminuiría a menos que se introdujesen cambios profundos en aspectos socioeconómicos como el desempleo y el nivel educativo. Mi Gobierno municipal demostró que estaban equivocados.

Elaboramos una base de datos epidemiológica que incluía los numerosos factores sociales que hacían aumentar el riesgo de que se produjese un homicidio. Entre ellos figuran rasgos sutiles de la conducta humana, como el deseo de llevar armas en ciertos lugares o la tendencia a beber determinados días. Esta información exhaustiva y detallada permitió desarrollar nuevas leyes y medidas basadas en los datos, no en la política.

El método funcionó. En 1994, en mi ciudad, donde vivían por entonces 1.800.000 personas, los homicidios anuales habían caído, de 124 por 100.000 habitantes a 86 en solo tres años. Un declive aún mayor tras adoptar los mismos métodos tuvo lugar en Bogotá, en nueve años. Y cuando me eligieron alcalde de Cali por segunda vez, a finales de 2011, tras llevar fuera del cargo casi 18 años, el mismo enfoque volvió a disminuir la tasa de homicidios. Voy a contar cómo los macrodatos y el análisis científico pueden contribuir a resolver problemas sociales muy arraigados.
Precisar las raíces del problema

Cuando empecé mi primer mandato, hice lo que los epidemiólogos suelen hacer: marcar los casos en un mapa. Colgué uno bien grande de Cali en la pared de mi despacho y clavé alfileres con colores en cada sitio donde hubiese tenido lugar una muerte, una lesión deliberada, un accidente de tráfico, un robo en una casa o algún otro suceso violento. Cuando un periodista vio el mapa, el periódico local donde trabajaba publicó el siguiente titular: «El alcalde Guerrero pretende frenar la violencia con acupuntura».

Estaba claro que incluso a los periodistas avispados les extrañaba que los homicidios se examinaran desde un punto de vista estadístico. Pero para mí tenía todo el sentido del mundo: si los métodos epidemiológicos podían descubrir las causas de las enfermedades clínicas, también podrían dar con las de una enfermedad social.

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