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  • Diciembre 2015Nº 471
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Salud

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Desarmar a las serpientes

La búsqueda de nuevos antídotos ayudaría a conjurar un peligro ancestral.

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La medicina moderna es capaz de crear riñones desde cero, detener la propagación de enfermedades contagiosas como el ébola y diagnosticar la causa de la tos a través de un teléfono inteligente. Pero las picaduras de serpiente siguen siendo una asignatura pendiente. Cada año el veneno de estos reptiles mata a casi 200.000 personas y deja cientos de miles de incapacitados o desfigurados, lo que los convierte en el segundo animal más mortífero. Solo el mosquito causa más víctimas, como propagador del protozoo de la malaria.

Hace poco se ha hablado de las serpientes venenosas en los medios de comunicación, al salir a la luz que los principales laboratorios farmacéuticos han cesado el desarrollo de antídotos. El laboratorio francés Sanofi Pasteur acaparó la atención en septiembre, cuando Médicos sin Fronteras denunció que el último lote de FAV-Afrique (el único antídoto de eficacia demostrada para las víctimas de picaduras en el África subsahariana) caducará en junio de 2016. Sanofi, el único fabricante, canceló la producción en 2014 porque no era rentable. Otras empresas del sector ya han dado pasos en esa misma dirección, entre ellas Behringwerke y Wyeth Pharmaceuticals (ahora parte de Pfizer).

La situación es de tal gravedad que Médicos Sin Fronteras califica ahora las picaduras de serpiente como «uno de los problemas urgentes de salud pública más desatendidos». En octubre, docenas de especialistas reunidos en el 18o Congreso Mundial de la Sociedad Internacional de Toxicología en Oxford instaron a la Organización Mundial de la Salud a que recalificara las picaduras de serpiente como una enfermedad tropical desatendida. La mayoría de los casos ocurren en África y en el sudeste de Asia.

El desarrollo de antídotos se quedó estancado en el siglo XIX por la falta de financiación, advierte David Williams, toxicólogo clínico y herpetólogo responsable de la Unidad Australiana de Investigación de Venenos de la Universidad de Melbourne y director ejecutivo de la Iniciativa Global contra las Mordeduras de Serpiente, una organización sin ánimo de lucro. Para aislar los compuestos terapéuticos se inyectan dosis subtóxicas del veneno en animales, se obtienen los anticuerpos generados por la respuesta inmunitaria y, a continuación, estos se purifican. El antisuero debe adaptarse a las toxinas producidas por diversas especies de ofidios de cada región. No existe un antídoto universal.

A pesar de las dificultades, pequeños grupos de investigación en los cinco continentes trabajan discretamente en nuevos remedios, a la espera de que un día caigan del cielo el dinero y el impulso necesarios. El más innovador es un antídoto concebido específicamente para el África subsahariana, el cual podría servir como modelo para la fabricación de compuestos más baratos que tratasen las picaduras de serpientes de otras regiones. Investigadores británicos, costarricenses y españoles han tomado un «antídoto básico» de eficacia demostrada contra tres serpientes y han comenzado a ensayarlo contra las toxinas de otros ofidios. Las proteínas del veneno que no son neutralizadas por el antídoto original se analizan para determinar su toxicidad; solo aquellas que son peligrosas acaban incorporándose a la mezcla inmunizadora, que pretende mejorar la eficacia del futuro antídoto.

Ese cribado selectivo y los análisis reiterados de las proteínas específicas mejorarán la potencia y la especificidad del antídoto respecto a los antisueros tradicionales, que neutralizan sin distinción tanto las proteínas tóxicas como las que no lo son. El grupo también prevé reducir los costes con un método concebido en Costa Rica que reduce sensiblemente las etapas de fabricación. «Queremos fabricar un producto para el África subsahariana que sea más barato o cuyo coste no supere los 35 dólares por vial», aclara Robert Harrison, responsable de la Unidad de Investigación de Venenos Alistair Reid, de la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool. El vial del producto de Sanofi cuesta 150 dólares.

Otros animales (y bacterias) podrían proporcionar un antídoto alternativo. Una proteína de zarigüeya descubierta en la década de los noventa del siglo XX protege a los ratones de las toxinas ofídicas que causan hemorragias internas generalizadas. Y esa misma proteína ha neutralizado las toxinas hemorrágicas de ofidios venenosos de EE.UU. y Pakistán. Todo apunta a que podría ser un remedio eficaz contra todas las toxinas hemorrágicas de serpiente, asegura Claire Komives, ingeniera química de la Universidad estatal de San José. Komives ya ha demostrado que es posible fabricarla con bacterias Escherichia coli, lo que reduciría el coste del tratamiento hasta unos 10 dólares por dosis. «Estamos intentando sintetizarla con bacterias para abaratar la producción a gran escala.» Para financiar su trabajo, esta investigadora ha recurrido al micromecenazgo a través de Experiment.com.

Grupos de investigación de otros lugares ya se han apartado de la concepción tradicional de los antídotos. Matthew Lewin, director del Centro de Salud del Viajero y del Explorador de la Academia Californiana de Ciencias, ha iniciado un examen sistemático de los medicamentos autorizados por la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de EE.UU. en busca de compuestos químicos que sirvan como base de una inyección o comprimido que estabilice a las personas atacadas en el campo o, por lo menos, les conceda algo de tiempo para llegar al hospital. «Si dispusieran de un antídoto farmacéutico, lo podrían llevar consigo», afirma Lewin. Muchas muertes sobrevienen porque la víctima no llega a tiempo al hospital o al centro médico para recibir el tratamiento endovenoso.

De modo semejante, Sakthivel Vaiyapuri, farmacólogo investigador en la Universidad de Reading, busca moléculas que neutralicen los efectos del veneno de serpiente. También espera desarrollar un cóctel de inhibidores químicos que se convierta en un antídoto universal.

Los tratamientos modernizados supondrían un paso decisivo para reducir las muertes por picadura de serpiente. Pero, en definitiva, el mejor tratamiento del mundo fracasará si no cuenta con una financiación y distribución adecuadas. Williams advierte que «si los ministerios de sanidad responsables de la salud y del bienestar no priorizan el tratamiento contra las picaduras de serpiente, todo este esfuerzo será en balde»

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