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1 de Diciembre de 2015
Arqueoastronomía

Las estrellas de los difuntos

En ataúdes egipcios de 4000 años de antigüedad se han descubierto unas misteriosas tablas astronómicas. ¿Cuál era su finalidad?

Detalle de una tabla astronómica de 4000 años de antigüedad descubierta en la tapa de un ataúd egipcio. Muestra los dioses de los cielos (figuras de gran tamaño) y varias ofrendas (franja horizontal). Las columnas a ambos lados listan distintas estrellas observadas por los astrónomos en cierta semana del año. [FERIT KUYAS]

En síntesis

En el interior de algunos ataúdes del antiguo Egipto se han hallado tablas astronómicas que parecen indicar la salida o el ocaso de varias estrellas a lo largo del año.

Hasta ahora se creía que dichas tablas funcionaban a modo de «reloj» nocturno. Habrían servido para determinar el momento adecuado de ciertos rituales que se celebraban durante la noche.

Una investigación reciente sugiere otra posibilidad: los registros astronómicos pudieron haberse confeccionado para ayudar a los difuntos a alcanzar su lugar en el cielo.

La ciudad egipcia de Mallawi, situada a más de 400 kilómetros al norte del complejo de Lúxor, no se halla entre los principales destinos turísticos del país. En mayo de 2013, una de nosotras (Symons) viajó hasta allí junto con Robert Cockcroft, investigador posdoctoral de su laboratorio, con la esperanza de ver uno de los registros astronómicos más antiguos del mundo. La tabla en cuestión, descrita hasta entonces solo de manera vaga, se encontraba en efecto allí. Pero ambos quedaron atónitos al descubrir que no era la única.

En la sala principal del Museo de Monumentos de Mallawi, Cockcroft vio algo escrito cuando estaba agachado junto a una vitrina que contenía un ataúd, estirando el cuello para ver la parte inferior de la cubierta. Symons orientó su linterna hacia un listón delgado en forma de cruz que sujetaba las planchas de madera. La superficie estaba decorada con elegantes jeroglíficos que representaban nombres de estrellas. Hasta entonces, nadie había apreciado la importancia de aquel listón: había sido colocado junto a ese sarcófago concreto por error.

Los registros astronómicos de este tipo comenzaron a descubrirse en la década de 1890, durante la inspección de las tumbas de Asiut, un complejo de enterramientos vecino. Al abrir algunos ataúdes que contenían los restos momificados de nobles locales, los exploradores hallaron diseños muy específicos en la parte interior de las tapas. Lo normal hubiera sido encontrar superficies de madera sin decorar o fragmentos de los textos religiosos habituales. Sin embargo, aquellos dibujos constituían una tabla bien organizada de nombres de estrellas y registraban los movimientos de algunas, como Sirio, a lo largo del año.

Symons, historiadora de la ciencia, ha pasado los últimos veinte años catalogando y analizando esas tablas. Si nos atenemos a cierto criterio para contarlas, se conocen 27 registros de esta índole. De ellos, solo uno no procede de un sarcófago: adorna el techo de un templo. La mayor parte de las tablas datan de hacia 2100 antes de nuestra era. A partir de su estudio y del de otros jeroglíficos, y con la ayuda de programas informáticos de astronomía, Symons espera averiguar cómo y por qué los antiguos egipcios elaboraron estas tablas y qué métodos de observación utilizaron para compilarlas. Sus trabajos ponen en duda la explicación admitida hasta ahora sobre las razones que llevaron a los egipcios del Imperio Medio a elaborar aquellas listas de astros. En último término, la respuesta podría ayudar a esclarecer el alcance de los conocimientos astronómicos en el antiguo Egipto.

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