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1 de Diciembre de 2015
Cosmología

Neutrinos tras el fondo de microondas

Un estudio detecta de forma indirecta los neutrinos creados instantes después de la gran explosión.

ENTRE LOS AÑOS 2009 Y 2013, el satélite Planck, de la ESA, midió con un detalle sin precedentes las propiedades del fondo cósmico de microondas. [CORTESÍA DE LA AGENCIA ESPACIAL EUROPEA]

La luz más antigua del universo lleva 13.800 millones de años recorriéndolo: emprendió su viaje 380.000 años después de la gran explosión, cuando el cosmos apenas tenía el 0,003 por ciento de su edad actual. Conocida como fondo cósmico de microondas (CMB, por sus siglas en inglés), esta radiación es un coto de caza muy frecuentado por quienes investigan la infancia del universo. Sin embargo, no dice apenas nada de lo que sucedió durante los primeros cientos de miles de años. Ahora, un grupo de físicos de la Universidad de California en Davis cree haber avistado lo que hay detrás de esa luz, al obtener indicios de los neutrinos que fueron emitidos cuando el universo solo contaba un segundo de vida.

Los neutrinos son partículas elementales sin carga eléctrica y con muy poca masa. Dado que apenas interaccionan con la materia, pueden atravesar sin problemas casi cualquier barrera física. Sin embargo, en el caso de los neutrinos primigenios emitidos justo después de la gran explosión, sus ocasionales interacciones con los fotones del CMB habrían alterado ligeramente la temperatura de esta radiación. Ese efecto es el que creen haber detectado los investigadores tras analizar con detalle los datos del fondo de microondas obtenidos por el satélite Planck, de la ESA. Los resultados aparecieron publicados hace unos meses en Physical Review Letters.

Aunque la existencia de un fondo cósmico de neutrinos procedentes de la gran explosión fue predicha hace muchos años, esta observación indirecta constituye la prueba más sólida obtenida hasta la fecha. Lawrence M. Krauss, cosmólogo de la Universidad estatal de Arizona que no participó en el estudio, considera que el trabajo abre una nueva ventana para explorar el universo. Además, el estudio permite acotar algunas propiedades de los neutrinos. Los resultados implican que, al contrario de lo que ocurre con otras partículas, los neutrinos no pueden dispersarse unos a otros, ya que en caso de hacerlo habrían dejado en el CMB una impronta distinta de la observada.

El estudio futuro de estos neutrinos primordiales tal vez permita explicar por qué en el universo hay muchas más partículas de materia que de antimateria. Esta asimetría se produjo en el cosmos primitivo, y los expertos creen que los neutrinos podrían tener algo que ver, aunque solo sea por lo misteriosos que resultan. «Dado que sabemos tan poco sobre estas partículas, podemos permitirnos ser más creativos con la física a la que dan lugar», señala Lloyd Knox, coautor del trabajo. Aunque detectar neutrinos de forma directa resulta extremadamente difícil, Knox prevé que las observaciones cosmológicas ayudarán a resolver buena parte de los problemas relacionados con ellos y, en el camino, a entender mejor las propiedades del universo temprano.

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