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1 de Septiembre de 2009
Historia

Los orígenes del telescopio

Ya en la Antigüedad el uso de espejos se encontraba muy extendido. Las gafas de lectura fueron inventadas en Italia en el siglo XIII y comenzaron rápidamente a fabricarse en masa. Per hubo que esperar trescientos años para el advenimiento del telescopio.

WOLFGANG STEFFEN Y JOSE LUIS GOMEZ FERNANDEZ

El 25 de septiembre de 1608, Hans Lipperhey, fabricante de lentes, viajaba a La Haya desde la ciudad holandesa de Middelburg con el propósito de patentar "cierto instrumento para ver de lejos" (el término telescopio sólo sería acuñado por la Accademia dei Lincei en Roma en 1611, es decir, con posterioridad a las observaciones celestes de Galileo). Lipperhey fue autorizado a presentar su invento ante el príncipe Mauricio, comandante en jefe del ejército holandés, así como ante los Consejos de las diferentes provincias de la entonces emergente República de Holanda. El 2 de octubre, los Estados Generales estudiarían la patente de Lipperhey, a quien acto seguido se le ordenó la elaboración de un telescopio mejorado para el que debía emplear, en lugar de vidrio, cristal de roca. Quizá pueda interpretarse como un indicio de la mala calidad de las lentes. Se le encargó, asimismo, la fabricación de un binocular. Lipperhey recibió 300 florines y se le prometió aún más dinero si entregaba un instrumento que satisficiese las expectativas de los Estados Generales. La patente, sin embargo, nunca le sería concedida.

La razón de este rechazo se debió a que, en el plazo de tres semanas, aparecerían otros dos que reclamarían también para sí la invención del telescopio. Por un lado, Sacharias Jansen, del que se supone que era vecino de Lipperhey en Middelburg, presentaría ante los Estados Generales su propio telescopio. Por su parte, Jacob Metius, de la ciudad de Alkmaar, propondría en una carta dirigida a los Estados Generales la patente de un telescopio que, en sus propias palabras, había inventado tras una experimentación intensa con lentes, llevada a cabo durante los dos años anteriores. Los Estados Generales entenderían de inmediato la imposibilidad de mantener el invento en secreto y, seguramente, la facilidad con que se podría copiarlo. Puede que incluso hubiese ya otros instrumentos similares en circulación, razón suficiente para que los Estados Generales denegasen la patente a Lipperhey.

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