Control de calidad de los programas

Los ordenadores se encargan del vuelo de los aviones comerciales, de los sistemas bancarios, de las comunicaciones, de las ventas al por menor, de muchos procesos fabriles. Poderosos instrumentos de verificación comprobarán la fiabilidad de los programa.
El aeropuerto internacional de Denver se inauguró hace once años. Entre sus maravillas técnicas y arquitectónicas, la mayor era un sistema automático de gestión de equipajes que debía conducir, sin intervención humana, bultos y maletas por una red de 40 kilómetros de cintas transportadoras para entregarlos rápidamente y sin tropiezos a los aviones o a los viajeros. Pero el sistema padeció un sinfín de problemas informáticos, que obligaron a retrasar 16 meses la entrada en servicio del aeropuerto y añadieron al presupuesto centenares de millones de dólares. Nunca llegó a ser del todo fiable, pese a años de reajustes. En otoño de 2005, los responsables del aeropuerto decidieron desconectarlo y volver a utilizar los tradicionales trenes de vagonetas, cargados a mano, conducidos por seres humanos. La compañía que lo diseñó, BAE Automated Systems, ya no existe. La bancarrota en que se encontró su mayor usuario, United Airlines, se debió en parte a este desastre informático.
Millones de frustrados usuarios pechan a diario con los elevados costes de los programas mal diseñados. Entre otros casos sonados se cuentan los onerosos fiascos de la agencia tributaria estadounidense, con una primera y fallida tentativa de modernización en 1997 que costó más de 4000 millones de dólares, seguida por una "actualización" no menos accidentada (8000 millones de dólares); un sistema de gestión virtual de ficheros de casos del FBI (170 millones de dólares) que tuvo que ser eliminado por inútil en 2005; o el persistente y aún infructuoso intento de la Administración Federal de Aviación de renovar su envejecido sistema de control del tráfico aéreo.

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